El cuerpo inclinado sobre mi ventana,
los nervios vibrantes y sonoros de ruido,
escucho con mi fiebre y absorbo, en mi ser,
los truenos de los trenes que atraviesan la noche.
Son un incendio que huye en el vacío.
Su estruendo de hierro, sobre las placas de los puentes,
estruendo tan fuerte que parece que decidiera
el celo de un cráter o las caídas de un monte.
Y su impulso me sacude aún y me estremece,
tanto que a lo lejos, en las tinieblas y en la noche del destino,
despiertan ya, con el estrépito de sus ruedas,
el silencio dormido en las estaciones de oro.
Y mis músculos tensos donde todo se repercute
y se prolonga y de pronto revive
comunican, minuto a minuto,
esa huida sonora y trepidante a mi espíritu.
Lo llena de angustia y lo encanta con embriaguez
extraña y de amplia y furiosa voluptuosidad,
sugiriéndole, en las rutas de la velocidad,
una estela nueva hacia la vieja belleza.
¡Oh! ¡los ritmos fogosos de la naturaleza entera
y sentirlos y proyectarlos a través de sí mismo!
¡Vivir los movimientos esparcidos en los bosques,
el suelo, el viento, el mar y los truenos;
querer que en su cerebro palpiten el universo;
y para condensar sus escalofríos claros
en ardientes imágenes,
amar, amar sobre todo el rayo y los relámpagos
con que los devoradores del espacio y del aire
incendian su paso!
Emile Verhaeren
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-el-impulso-hacia-adelante-emile-verhaeren/
