A Léon Cladel.
El pañuelo en la nuca y la falda suelta,
Desde el alba, ha venido al pasto, de lejos;
Pero aún soñolienta, se ha vuelto a recostar,
Allí bajo los árboles, en un rincón.
Enseguida duerme, boca abierta y roncando;
El césped crece alrededor de la frente y los pies descalzos;
Los brazos están replegados con dejadez,
Y las moscas revolotean sobre ella.
Los insectos de la hierba, amigos del calor suave
Y del suelo tibio, llegan, con vuelo lento,
A acurrucarse, en enjambres, bajo la capa de musgo,
Que ella calienta al extenderse.
A veces, hace un gesto torpe, en el vacío,
Espanta a su alrededor un murmullo amotinado
De abejas; pero pronto, de sueño aún ávida,
Se vuelve del otro lado.
El pasto, con su flora pesada y carnal,
Enmarca a la durmiente a las mil maravillas: como en él,
La pesada lentitud de los bueyes se encarna en ella
Y su paz pesada brilla en su ojo.
La fuerza, abultando con nudos el tronco de los robles,
Con la sangre estalla en todo su cuerpo:
Sus cabellos son más rubios que la cebada en las llanuras
Y las arenas en el sendero.
Sus manos son de rojez cruda y áspera; la savia
Que corre, a chorros de fuego, por sus miembros curtidos,
Golpea su garganta, la hincha, y, lenta, la levanta
Como los vientos levantan los trigos.
El mediodía, con un beso de oro, la sorprende bajo los sauces,
Y siempre el sueño se agrava sobre sus ojos,
Mientras que las ramas flotan sobre sus hombros
Y se mezclan con sus cabellos.
Emile Verhaeren
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-la-vaquera-emile-verhaeren/
