La cabeza estrellada – La victoria

Poema de Guillaume Apollinaire Colección CaligramasTemas GuerraÉpoca Siglo XX

Un gallo canta yo sueño y los tallos agitan
Sus hojas que se parecen a pobres marinos

Alados y giratorios como Ícaro el falso
Ciegos gesticulando como hormigas
Se miraban bajo la lluvia en los reflejos del pavimento

Sus risas amontonadas en racimos de uva

Ya no salgas de mi casa diamante que hablabas
Duerme dulcemente estás en tu casa todo te pertenece
Mi cama mi lámpara y mi casco agujereado

Miradas preciosas zafiros tallados en los alrededores de Saint-Claude
Los días eran una pura esmeralda

Me acuerdo de ti ciudad de los meteoros
Florecían en el aire durante esas noches en que nada duerme
Jardines de la luz donde he cogido ramos

Debes de estar harta de asustar a ese cielo
Que guarde su hipo
Difícilmente se imagina uno
Hasta qué punto el éxito vuelve estúpidas y tranquilas a las gentes
En el instituto de los jóvenes ciegos se ha preguntado
¿No tenéis ningún joven ciego alado

Oh bocas el hombre está en busca de un nuevo lenguaje
Al que el gramático de ninguna lengua tendrá nada que decir

Y esas viejas lenguas están tan cerca de morir
Que es verdaderamente por costumbre y falta de audacia
Que se las hace servir todavía para la poesía

Pero son como enfermos sin voluntad
A fe mía la gente se acostumbraría pronto al mutismo
La mímica basta bien al cine

Pero empeñémonos en hablar
Movamos la lengua
Lancemos salivazos
Se quieren nuevos sonidos nuevos sonidos nuevos sonidos
Se quieren consonantes sin vocales
Consonantes que pedorreen sordamente
Imitad el sonido del trompo
Dejad chisporrotear un sonido nasal y continuo
Haced chasquear vuestra lengua
Servíos del ruido sordo del que come sin civismo
El raspado aspirado del escupitajo haría también una bella consonante
Los diversos pedos labiales harían también vuestros discursos clarinados
Acostumbraos a eructar a voluntad
Y qué letra grave como un sonido de campana
A través de nuestras memorias
No amamos bastante la alegría
De ver las bellas cosas nuevas
Oh amiga mía date prisa
Teme que un día un tren no te conmueva
Más
Míralo más deprisa para ti
Esos ferrocarriles que circulan
Pronto saldrán de la vida
Serán bellos y ridículos
Dos lámparas arden ante mí
Como dos mujeres que ríen
Inclino tristemente la cabeza
Ante la ardiente burla
Esa risa se propaga
Por todas partes
Hablad con las manos haced chasquear los dedos
Golpeaos la mejilla como un tambor
Oh palabras
Ellas siguen en el arrayán
El Eros y el Anteros en lágrimas
Yo soy el cielo de la ciudad

Escuchad el mar

El mar gemir a lo lejos y gritar a solas
Mi voz fiel como la sombra
Quiere ser por fin la sombra de la vida
Quiere ser oh mar viviente infiel como tú

El mar que ha traicionado a marineros sin número
Engulle mis grandes gritos como dioses ahogados
Y el mar al sol no soporta sino la sombra
Que arrojan las aves con las alas desplegadas

La palabra es súbita y es un Dios que tiembla
Avanza y sostenme lamento las manos
De aquellos que las tendían y me adoraban juntos
Qué oasis de brazos me acogerá mañana
Conoces tú esa alegría de ver cosas nuevas

Oh voz yo hablo el lenguaje del mar
Y en el puerto la noche de las últimas tabernas
Yo que soy más terco que no la hidra de Lerna

La calle donde nadan mis dos manos
De dedos sutiles registrando la ciudad
Se va pero quién sabe si mañana
La calle se volviera inmóvil
Quién sabe dónde estaría mi camino
Piensa que los ferrocarriles
Estarán pasados de moda y abandonados dentro de poco tiempo
Mira

La victoria ante todo será
De ver bien de lejos
De verlo todo
De cerca
Y que todo tenga un nombre nuevo

Guillaume Apollinaire

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-la-cabeza-estrellada-la-victoria-guillaume-apollinaire/