El roble – suite de Jehová

Poema de Alphonse De Lamartine Colección Armonías poéticas y religiosasTemas ReligiónÉpoca Siglo XIX

He aquí este roble solitario
que el peñón ha coronado;
hablemos a este tronco secular,
preguntemos cómo nació.

Una bellota cae del árbol y rueda por la tierra,
el águila, con la garra vacía, al dejar los valles,
la toma jugando y la lleva a su nido
para aguzar el pico de sus jóvenes aguiluchos;
pronto, del nido desierto que arrebata la tempestad,
rueda confundida entre los escombros movedizos,
y sobre la roca desnuda un grano de arena detiene
a aquel que un día ha de quebrar el ala de los vientos;
llega el verano, el Aquilón levanta
el polvo de los surcos, que para él no es más que un juego,
y sobre el germen apagado donde aún se incuba la savia
¡deja caer un poco!
La primavera con su tibia onda
lo riega como con la mano;
este polvo es fecundado
y ¡la vida circula por fin en él!

¡La vida! A esta sola palabra todo ojo, todo pensamiento
se inclinan confundidos y no osan penetrar;
en el umbral del Infinito está colocada la frontera;
donde la sabia ignorancia y la audacia insensata
¡se encuentran para adorar!

¡Vive, este gigante de las colinas!
Pero antes de aparecer a la luz,
se cava con sus raíces
cimientos como una torre.
Sabe qué lucha se prepara,
y que debe contra la tempestad
buscar bajo la tierra un apoyo;
sabe que el huracán sonoro
¡lo espera al despuntar el día!…, o, si lo ignora,
¡alguien al menos lo sabe por él!

Así, cuando el joven navío
donde se lanzan los marineros,
antes de afrontar su imperio,
quiere amansarse sobre las olas,
dejando correr su vasto cable,
su ancla va a buscar la arena
hasta el fondo de los valles movedizos,
y sobre este cimiento móvil
equilibra su mástil frágil
¡y duerme al vano balanceo de los vientos!

¡Vive! El coloso soberbio
que cubre un acre entero
apenas supera la brizna de hierba
¡que hace doblar el mosquito!
Pero su hoja bebe el rocío,
su raíz fertilizada
crece como un agua en su curso,
y en su corazón que se fortifica
circula una sangre ebria de vida
¡para quien los siglos son días!

Los surcos donde los trigos amarillean
bajo los pasos cambiantes de las estaciones,
se despojan y se visten
como un rebaño de sus lanas;
el río nace, ruge y se desliza,
la torre sube, envejece, se derrumba;
el invierno deshoja el granito,
generaciones sin número
viven y mueren bajo su sombra,
¿y él? ¡Mirad! ¡Rejuvenece!
Su tronco que la corteza protege,
fortalecido por mil nudos,
para llevar su hoja o su nieve
se ensancha sobre sus pies nudosos;
sus brazos que el tiempo multiplica,
como un luchador que se repliega
para mejor lanzarse hacia adelante,
echando sus codos hacia atrás,
se curvan en la carrera
¡para mejor soportar el peso del viento!

Y su vasto y pesado follaje,
derramando la noche alrededor,
se extiende, como una ancha nube,
entre la montaña y el día;
como nocturnos fantasmas,
los vientos resuenan en sus cúpulas,
los pájaros vienen a dormir en ellas,
y para saludar la luz
se elevan como un polvo
¡si su hoja llega a temblar!

La nave, cuya mirada implora
sobre los mares un faro seguro,
lo ve, todo anegado en la aurora,
¡alzarse en pirámide en la lejanía!
La tarde inclina su gran sombra
desde los flancos de la colina sombría
hasta el pie de las últimas lomas.
¡Un solo cabello de su cabeza
abriga contra la tempestad
al pastor y a los rebaños!

Y mientras que al viento de las colinas
mece sus techos habitados,
imperios en sus raíces,
bajo su corteza ciudades;
allí, cerca de las colmenas de las abejas,
Aracne teje sus maravillas,
la serpiente silba, y la hormiga
guía a conquistas de arenas
sus multitudes innumerables
¡que aplasta un lagarto dormido!
Y estos torrentes de alma y de vida,
y este misterioso sueño,
y esta savia rejuvenecida
que remonta con el sol;
esta inteligencia divina
que presiente, calcula, adivina
y se organiza para su fin,
y esta fuerza que encierra
en una bellota el germen del germen
¡de seres sin números y sin fin!

Y estos mundos de criaturas
que, naciendo y viviendo de él,
en él toman ser y alimentos
en los siglos como hoy;
todo esto no es más que una bellota frágil
que cae sobre la roca estéril
del pico del águila o del buitre?
¡No es más que un árido polvo
que el viento siembra en su carrera
y que calienta un rayo del día!

Y yo digo: ¡Señor! ¡Tú solo, es tu fuerza,
tu sabiduría y tu voluntad,
tu vida y tu fecundidad,
tu previsión y tu bondad!
El gusano encuentra tu nombre grabado bajo su corteza,
¡y mi ojo en su masa y su eternidad!

Alphonse de Lamartine

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-el-roble-suite-de-jehova-alphonse-de-lamartine/