Tan enfermo y abúlico como yo, ¿has probado,
cuando tu ser se doblegaba bajo las fiebres alzadas,
cuando masticabas el orvietán de las enfermedades,
el culpable consejo de la inutilidad?
¿Y el dulce sol que besa un ojo apagado de ciego?
¿Y la flor llegada al tardío diciembre del invierno?
¿Y la pluma del pajarillo soplada al viento de hierro?
¿Y el eco neutro y vacío hacia la vaca que muge?
¡Oh los sueños de la nada, en un cerebro mordido
por lo imposible! ¡Amarnos, en su esfuerzo que engaña!
¡Construirnos, para destruirla, una morada!
¡Y cogernos, para arrojarlo, un fruto tendido!
Hombres tristes, aquellos que creen en su genio
y locos, y que penan, serenos de vanidad;
pero tú, que te has instruido de tu futilidad,
ama tu vano deseo por toda su ironía.
Mira en ti la ilusión del universo
danzar; el mundo entero es del mundo el engañado;
actúa gratuitamente y sin remordimientos; ocupa
tu vida absurda en burlarse de su reverso.
Piensa en esos lirios reales, en esas rosas ducales,
orgullosos de sí mismos y que florecen, apartados,
en un jardín, gastado por siglos, en algún lugar,
y jamás han curvado sus tallos verticales.
Inútiles sin embargo, inútiles y vanos,
perfumes mañana perdidos, corolas mañana muertas,
y nadie para venir a abrir las puertas
y hacerlos servir al pálido orgullo de las manos.
Emile Verhaeren
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-consejo-absurdo-emile-verhaeren/
