Sobre la cuerda tensa un joven volatinero
aprendía a danzar; y ya su destreza,
sus pruebas de fuerza, de agilidad,
hacían venir a más de un espectador.
Por su estrecho camino se le ve avanzar,
el balancín en mano, el aire libre, el cuerpo recto,
intrépido, ligero tanto como diestro;
se eleva, desciende, va, viene, más alto se lanza,
cae de nuevo, remonta con cadencia,
y, semejante a ciertas aves
que rozan al volar la superficie de las aguas,
su pie toca, sin que se le vea,
a la cuerda que se dobla y al aire lo devuelve.
Nuestro joven danzarín, todo orgulloso de su talento,
dijo un día: ¿para qué sirve este balancín pesado
que me fatiga y me estorba?
Si danzara sin él, tendría mucha más gracia,
más fuerza y ligereza.
Dicho y hecho. Arrojado el balancín,
nuestro atolondrado vacila, extiende los brazos y cae.
Se rompió la nariz, y todos se rieron.
Jóvenes, jóvenes, ¿no se os ha dicho
que sin regla y sin freno tarde o temprano se sucumbe?
La virtud, la razón, las leyes, la autoridad,
en vuestros deseos fogosos os causan alguna pena;
es el balancín que os molesta,
pero que hace vuestra seguridad.
Florian
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-el-volatinero-y-el-balancin-jean-pierre-claris-de-florian/
