Un jardinero, en su jardín,
tenía un viejo árbol estéril;
era un gran peral que en otro tiempo fue fértil:
pero había envejecido, tal es nuestro destino.
El jardinero ingrato quiere talarlo una mañana;
helo aquí que toma su hacha.
Al primer golpe el árbol le dice:
respeta mi vejez, y acuérdate del fruto
que te he dado cada año.
La muerte va a llevarme, ya no tengo más que un instante,
no asesines a un moribundo
que fue tu bienhechor. Con pena te corto,
responde el jardinero; pero tengo necesidad de madera.
Entonces, gorjeando a la vez,
de ruiseñores un centenar
exclama: perdónale, ya no nos queda más que él:
cuando tu mujer viene a sentarse bajo su sombra,
la alegramos con nuestro dulce canto;
ella está sola a menudo, encantamos su hastío.
El jardinero los ahuyenta y se ríe de su ruego;
da un segundo golpe. De abejas un enjambre
sale al instante del tronco, diciéndole: detente,
escúchanos, hombre inhumano:
si nos dejas este asilo,
cada día te daremos
una miel deliciosa cuyos panales puedes a la ciudad
llevar y vender:
¿eso te conmueve? Lloro de ternura,
responde el avaro jardinero:
y ¡cómo no he de deberle a este pobre peral
que me alimentó en su juventud!
Mi mujer a veces viene a oír a estos pájaros;
basta para mí: que canten en reposo.
Y vosotras, que os dignaréis aumentar mi bienestar,
quiero para vosotras sembrar de flores todo este contorno.
Dicho esto, se va, seguro de su recompensa,
y deja vivir el viejo tronco.
Contad con el reconocimiento
cuando el interés os responda de él.
Florian
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-el-viejo-arbol-y-el-jardinero-jean-pierre-claris-de-florian/
