Colin cuidaba un día las vacas de su padre;
Colin no tenía pastora,
y se aburría solo. El guarda sale del bosque:
desde el alba, dice, recorro esta llanura
tras un viejo corzo que he fallado dos veces
y que me ha dejado sin aliento.
Acaba de pasar por allá abajo,
le respondió Colin: pero, si estáis cansado,
descansad, guardad mis vacas en mi lugar,
y yo iré a hacer vuestra caza;
respondo del corzo. -A fe mía, lo acepto de buen grado.
Toma, aquí está mi fusil, lleva contigo mi perro,
ve a matarlo. Colin se apresta,
se arma, llama a Sultan. Sultan, aunque a disgusto,
corre con él hacia el bosque.
El perro bate los matorrales; va, viene, olfatea, se para,
y he aquí el corzo… Colin impaciente
dispara en seguida, falla la pieza,
y hiere al pobre Sultan.
Tras el perro que grita,
Colin vuelve a la pradera.
Encuentra al guarda roncando;
de vacas, ninguna; habían sido robadas.
El desdichado Colin, arrancándose los cabellos,
recorre gimiendo los montes y los valles;
no ve nada. Por la noche, sin vacas, avergonzado,
Colin regresa a casa de su padre,
y le cuenta temblando el asunto.
Este, empuñando un palo de serbal,
corrige a su querido hijo de sus locas ideas,
luego le dice: cada cual a lo suyo,
las vacas estarán bien guardadas.
Florian
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-el-vaquero-y-el-guardabosques-jean-pierre-claris-de-florian/
