Bertrand con Ratón, el uno mono y el otro gato,
comensales de una casa, tenían un amo común.
De animales dañinos era un plato muy bueno;
ninguno de los dos temían, fuese quien fuese.
Si se encontraba algo echado a perder en la casa,
no se culpaba a la gente del vecindario.
Bertrand lo robaba todo; Ratón por su parte
estaba menos atento a los ratones que al queso.
Un día, junto al fuego, nuestros dos amos bribones
miraban asarse unas castañas.
Escamotearlas era un negocio muy bueno:
nuestros galanes veían en ello doble provecho,
su bien primero, y luego el mal ajeno.
Bertrand dijo a Ratón: Hermano, hoy es preciso
que hagas una jugada maestra.
Sácame esas castañas. Si Dios me hubiera hecho nacer
propio para sacar castañas del fuego,
ciertamente las castañas verían buen juego.
Dicho y hecho: Ratón con su pata,
de manera delicada,
aparta un poco la ceniza, y retira los dedos,
luego los vuelve a acercar varias veces;
saca una castaña, luego dos, y luego tres escamotea.
Y entretanto Bertrand se las come.
Una criada llega: adiós, gentes mías. Ratón
no estaba contento, según se dice.
Tampoco lo están la mayoría de esos príncipes
que, halagados con semejante empleo,
van a escaldarse en las provincias
para provecho de algún rey.
Jean de La Fontaine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-el-mono-y-el-gato-jean-de-la-fontaine/
