Un marido muy enamorado,
muy enamorado de su mujer,
aunque satisfecho, se creía desdichado.
Jamás una mirada de la dama,
palabra halagüeña y graciosa,
muestra de amistad, ni dulce sonrisa,
que divinizaran al pobre señor,
habían hecho sospechar que fuera realmente querido.
Lo creo, era un marido.
No dependió del himeneo
que, contento con su destino,
no diera gracias a los dioses;
pero ¿qué? Si el amor no sazona
los placeres que el matrimonio nos da,
no veo que por ello se esté mejor.
Nuestra esposa, siendo pues de tal temple,
y no habiendo acariciado a su marido en su vida,
él se quejaba una noche. Un ladrón
interrumpió la lamentación.
La pobre mujer tuvo tan gran miedo
que buscó alguna seguridad
entre los brazos de su esposo.
Amigo ladrón, dijo él, sin ti este bien tan dulce
me sería desconocido. Toma, pues, en recompensa
todo lo que en nuestra casa pueda convenirte;
toma también la morada. Los ladrones no son
gente vergonzosa, ni muy delicada:
este hizo su agosto. Infiero de este cuento
que la más fuerte pasión
es el miedo: hace vencer la aversión,
y el amor a veces; a veces él la doma;
tengo como prueba a aquel amante
que quemó su casa por abrazar a su dama,
llevándola a través de las llamas.
Me gusta bastante ese arrebato;
el cuento siempre me ha placido infinitamente:
es propio de un alma española,
y más grande aún que loca.
Jean de La Fontaine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-el-marido-la-mujer-y-el-ladron-jean-de-la-fontaine/
