La Cabra, yendo a henchir su ubérrima ubre
y a pacer la hierba nueva,
cerró su puerta con el pestillo,
no sin decir a su Cabrito:
Guárdate, so pena de tu vida,
de abrir si no te dicen,
como contraseña y santo y seña:
¡Muera el Lobo y su raza!
Cuando decía estas palabras,
el Lobo, por casualidad, pasa;
las recoge a propósito,
y las guarda en su memoria.
La Cabra, como es de creer,
no había visto al glotón.
Apenas la ve marchar, contrahace su tono,
y con una voz melosa
pide que le abran, diciendo ¡Muera el Lobo!,
y creyendo entrar de un salto.
El Cabrito, receloso, por la rendija mira.
Muéstrame la pata blanca, o no abriré,
s exclamó de inmediato. (La pata blanca es un punto
entre los Lobos, como se sabe, rara vez usado.)
Este, muy sorprendido de oír tal lenguaje,
como había venido se volvió a su casa.
¿Dónde estaría el Cabrito si hubiera dado crédito
al santo y seña, que por ventura
nuestro Lobo había oído?
Dos seguridades valen más que una,
y el exceso en esto jamás se perdió.
Jean de La Fontaine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-el-lobo-la-madre-y-el-nino-jean-de-la-fontaine/
