El fénix, viniendo de Arabia,
en nuestros bosques apareció un bello día:
gran revuelo entre las aves; su tropa reunida
vuela para rendirle pleitesía.
Cada cual lo observa, lo examina;
su plumaje, su voz, su canto melodioso,
todo es belleza, gracia divina,
todo encanta el oído y los ojos.
Por primera vez se vio ceder la envidia
al afán de alabar y de amar a su vencedor.
El ruiseñor decía: jamás tanta dulzura
encantó mi alma arrobada.
Jamás, decía el pavo real, más bellos colores
tuvieron ese brillo que admiro;
deslumbra mis ojos y siempre los atrae.
Los demás repetían estos elogios halagüeños,
ensalzaban el privilegio único
de ese rey de las aves, de ese hijo del cielo,
que, viejo, sobre una pira de cedro aromático,
se consume a sí mismo, y renace inmortal.
Durante todos esos discursos la sola tórtola
sin decir nada lanzó un suspiro.
Su esposo, empujándola con el ala,
le pregunta de dónde puede venir
su ensimismamiento y su tristeza:
¿de este dichoso pájaro deseas tú la suerte?
-¡Yo! Amigo mío, mucho lo compadezco;
es el único de su especie.
Florian
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-el-fenix-jean-pierre-claris-de-florian/
