Una Tortuga era, de cabeza ligera,
que, cansada de su agujero, quiso ver el país.
De buen grado se aprecia una tierra extranjera:
de buen grado los cojos odian el hogar.
Dos Patos, a quienes la comadre
comunicó tan bello designio,
le dijeron que tenían con qué satisfacerla:
¿Ves ese ancho camino?
Te llevaremos por el aire a América,
verás más de una República,
más de un Reino, más de un pueblo, y sacarás provecho
de las distintas costumbres que observes.
Ulises hizo otro tanto. Poco se esperaba
ver a Ulises en este asunto.
La Tortuga escuchó la proposición.
Hecho el trato, las aves forjan una máquina
para transportar a la peregrina.
En la boca, atravesado, le pasan un bastón.
Apretad bien, dijeron; guardaos de soltar la presa.
Luego cada Pato coge ese bastón por un extremo.
Levantada la Tortuga, se asombran por doquier
de ver ir de esta guisa
al animal lento y su casa,
justamente en medio del uno y del otro Ganso.
Milagro, gritaban. Venid a ver en las nubes
pasar a la Reina de las Tortugas.
—La Reina. En verdad sí. Yo lo soy, en efecto;
no os burléis de ello. Mucho mejor habría hecho
en seguir su camino sin decir cosa alguna;
pues soltando el bastón al aflojar los dientes,
cae, se mata a los pies de los que miran.
Su indiscreción fue causa de su perdición.
Imprudencia, charla y necia vanidad,
y vana curiosidad,
tienen estrecho parentesco.
Son hijos todos de un mismo linaje.
Jean de La Fontaine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-la-tortuga-y-los-dos-patos-jean-de-la-fontaine/
