El esfuerzo

Poema de Emile Verhaeren Época Siglo XIX

Grupos de trabajadores, febriles y jadeantes,
que os alzáis y pasáis a lo largo de los tiempos
con el sueño en la frente de las útiles victorias,
torsos cuadrados y duros, gestos precisos y fuertes,
marchas, carreras, paradas, violencias, esfuerzos,
¡qué líneas tan soberbias de valentía y de gloria
inscribís trágicamente en mi memoria!
Os amo, muchachos de los países rubios, hermosos conductores
de relinchantes y claros y pesados tiros,
y vosotros, leñadores rojos de los bosques llenos de aromas,
y tú, campesino tosco y viejo de los blancos pueblos,
que solo amas los campos y sus humildes caminos
y que arrojas la semilla con una mano amplia
primero al aire, recto ante ti, hacia la luz,
para que viva un poco de ella, antes de caer en tierra;
y vosotros también, marinos que partís sobre el mar
con un simple canto, de noche, bajo las estrellas,
cuando se hinchan, a los vientos atlánticos, las velas
y vibran los mástiles y los cordajes claros;
y vosotros, pesados estibadores cuyos anchos hombros
cargan o descargan, a lo largo de los muelles bermejos,
los navíos que van y van bajo los soles
a someter las olas hasta los confines de los polos;
y vosotros aún, buscadores de metales alucinantes,
en llanuras de hielo, sobre playas de nieve,
en el fondo de países blancos donde el frío os asedia
y bruscamente os estrecha en su inmenso cepo;
y vosotros aún, mineros que camináis bajo tierra,
el cuerpo reptante, con la lámpara entre los dientes
hasta la vena estrecha donde el carbón vacilante
cede bajo vuestro esfuerzo oscuro y solitario;
y vosotros, en fin, batidores de hierro, forjadores de bronce,
rostros de tinta y de oro que horadan la sombra y la bruma,
espaldas musculares tendidas o encogidas, de pronto,
en torno a grandes braseros y enormes yunques,
laminadores negros construidos para una obra eterna
que se extiende de siglo en siglo siempre más vasta,
sobre ciudades de espanto, de miseria y de fasto,
¡os siento en mi corazón, poderosos y fraternos!
Oh este trabajo salvaje, áspero, tenaz, austero,
sobre las llanuras, entre los mares, en el corazón de los montes,
¡apretando sus nudos por doquier y remachando sus eslabones
de un extremo al otro de los países de la tierra!
Oh estos gestos audaces, en la sombra donde la claridad,
estos brazos siempre ardientes y estas manos jamás cansadas,
estos brazos, estas manos unidos a través de los espacios
para imprimir a pesar de todo al universo domado
la marca del abrazo y de la fuerza humanas
y recrear los montes y los mares y las llanuras,
según otra voluntad.

Emile Verhaeren

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-el-esfuerzo-emile-verhaeren/