Puesto que el cuerpo herido, blandamente extendido
sobre un lecho que se curva a los males que soporta,
me hace venir al remordimiento y gustar mis dolores,
mis miembros, gozad del reposo pretendido,
mientras el espíritu, cansado de un dolor más fuerte,
iguala al cuerpo ardiente sus ardientes calores.
El cuerpo vencido se rinde, y cansado de sufrir
abre al dardo de la muerte su tembloroso pecho,
derramando sobre un lecho sus miserables huesos,
y el espíritu, que no puede por aguantar morir,
cuyo fuego violento jamás se termina,
no tiene medio de encontrar un lecho para su reposo.
Los médicos molestos juzgan diversamente
del fin de mi vida y de la ardiente llama
que incluso hace al cuerpo por mi alma sufrir,
pero ¿quién podría juzgar del eterno tormento
que me apremia por otra parte? Sé bien que mi alma
no tiene médicos que la pudieran curar.
Mis ojos hinchados de lágrimas miran mis cortinas
carmesíes, brillantes del día de una ventana
que me ofusca la vista, y hace inclinar los ojos,
y me acuerdo de los celestes hachones,
como el lirio bermejo de mi dama hace nacer
un bermellón parecido a la aurora de los Cielos.
Veo mi lecho que tiembla así como yo hago,
veo temblar mi cielo, el cabezal y la franja
y los suspiros de los vientos pasar temblando;
mi espíritu tiembla así y gime bajo el peso
de un amor lleno de viento que, mudable, se cambia
a los quereres de un cerebro más que el aire inconstante.
Pues cuando no veo nada que mis ojos pudieran ver,
sin construir sobre ello las leyes de mi martirio,
vierto en el lecho mi pensamiento y mis ojos;
así, pues que mi alma intenta concebir
mi fin por todos los medios, espero y deseo
mi cuerpo en un sepulcro, y mi espíritu en los Cielos.
Théodore Agrippa d’Aubigné
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-puesto-que-el-cuerpo-herido-blandamente-extendido-theodore-agrippa-d-aubigne/
