Leonada con tintes escarlata,
una aurora de finales de verano
tempestuosamente estalla
en el horizonte ensangrentado.
La noche soñadora, azul y buena
palidece, centellea y se funde en el aire,
y el oeste en la sombra que estremece
se tiñe al borde de rosa claro.
La llanura brilla a lo lejos y humea.
Un oblicuo rayo venido
del sol que surge enciende
el río como un sable desnudo.
El ruido de las cosas despertadas
se une a las nieblas ligeras
que las hierbas y las frondas
han desprendido súbitamente.
El aspecto vago del paisaje
se acentúa y cambia en abundancia.
La silueta de un pueblo
aparece. – A veces una casa
ilumina su vidriera y lanza
un gran relámpago que va a buscar
la sombra del bosque lleno de silencio.
Acá y allá se yergue un campanario.
Entretanto, la luz acrecentada
golpea en los surcos las rejas
y he aquí que clara, ruda,
despótica, la voz de los gallos
proclamando la hora fría y gris
del pan comido sin hambre, de los ojos
frotados que flagela la bise
y del chirrido de los ejes,
hace salir de los tejados el humo,
ladrar a los perros en furor,
y por la pendiente acostumbrada,
descender el pesado labrador,
mientras un coro de campanas duras
en el crecimiento del día
sube, alborada franca de injurias,
¡a la dirección del Dios de amor!
Paul Verlaine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-l-angelus-de-la-manana-paul-verlaine/
