Ella pasó, creo que me había sonreído.
Era una griseta o bien una hurí.
No sé si el efecto fue moral o físico,
Pero su paso al andar hacía una música.
¡Cómo! ¡Tu pavimento ruidoso y fangoso, oh París,
tiene esas visiones inefables! Tomé
sus ojos fijos en mí por dos estrellas azules.
¡Niña fresca y alegre! Gorriones y aguzanieves
tienen menos loca alegría y viveza.
Llevaba un vestido de tafetán de verano,
unos botines color de escarabajo,
el aire de una sombra que pasa antes de anochecer,
no sé qué de altivo que permitía la esperanza.
Mientras yo cavilaba, creyendo verla aún
incluso después de que se hubo escapado y desaparecido,
y que de pie, pensativo en medio de la calle,
contemplando, deslumbrado, a aquel ser gracioso,
tenía el ojo en el espacio y el alma en los cielos,
una vieja, mitad gata y mitad arpía,
con la barbilla erizada de una barba hecha hilachas,
vestida horriblemente con un siniestro andrajo,
espantosa, y hablando como con un tapabocas,
me dijo muy bajo: —¿El señor quiere a esta muchacha?
¡Oh pobre colibrí al que vende una oruga!
Victor Hugo
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-ella-paso-creo-que-me-habia-sonreido-victor-hugo/
