Yo era niño. Amaba los grandes combates,
los Caballeros y su pesada armadura,
y a todos los valientes que cayeron allá abajo
para rescatar el Santo Sepulcro.
El inglés Ricardo hacía latir mi corazón
y yo lo amaba, cuando tras sus conquistas
regresaba, y su brazo vencedor
había cortado todo un collar de cabezas.
De una Belleza tomaba los colores,
una varita era mi cimitarra;
luego partía a la guerra de las flores
y de los brotes con que cubría la tierra.
Poseía al viento libre de los cielos
un banco de musgo donde se alzaba mi trono;
despreciaba a los reyes ambiciosos,
con ramas verdes había hecho mi corona.
Era feliz y dichoso. Pero un día
vi llegar a una joven compañera.
Ofrecí mi corazón, mi reino y mi corte,
y los castillos que tenía en España.
Ella se sentó bajo los castaños verdes;
pues creí ver, de tan bella como la hallaba,
en sus ojos azules como otro universo,
y me quedé muy pensativo junto a ella.
¿Por qué dejar mi sueño y mi alegría
mirando a esta muchachita rubia?
¿Por qué Colón estuvo tan atormentado
cuando, en la bruma, vislumbró un mundo?
Guy de Maupassant
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-descubrimiento-guy-de-maupassant/
