Cuando llevo veinte o treinta meses
sin volver al Vendomois,
lleno de pensamientos vagabundos,
lleno de un remordimiento y una inquietud,
a las rocas me quejo así,
a los bosques, a las grutas y a las ondas.
Rocas, aunque tengáis
tres mil años, nunca cambiáis
ni de estado ni de forma;
pero siempre mi juventud huye,
y la vejez que me sigue,
de joven en viejo me transforma.
Bosques, aunque perdáis todos los años
en el invierno vuestros cabellos agradables,
el año siguiente que se renueva,
renueva también vuestra cabeza;
pero la mía no puede de nuevo
recobrar su peluca nueva.
Grutas, me he visto en vosotras
tener antaño verdes las rodillas,
el cuerpo hábil, y la mano buena;
pero ahora tengo el cuerpo más duro,
y las rodillas, que no el muro
que fríamente os rodea.
Ondas, sin fin os paseáis
y lleváis y traéis
vuestras olas de un curso que no se detiene;
y yo sin hacer larga estancia
me voy, de noche y de día,
al lugar de donde ya no se vuelve.
Y sin embargo, no querría
haber sido roca o bosque
para tener la piel más espesa,
y vencer al tiempo alado;
pues así, duro, no habría amado
a ti que me has hecho envejecer, Maestra.
Pierre de Ronsard
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-cuando-llevo-veinte-o-treinta-meses-pierre-de-ronsard/
