Aunque ya, esta tarde,
el otoño
deje en las sendas y en los bordes,
como manos doradas,
lentas, caer las hojas,
aunque ya el otoño,
esta tarde, con sus brazos de viento,
siega,
sobre los rosales fervientes
los pétalos y su palidez,
no dejemos que nada de nuestras dos almas
caiga de pronto con estas flores.
Mas los dos, alrededor de las llamas
del hogar de oro del recuerdo,
mas los dos, acurruquémonos,
las manos al fuego y las rodillas.
Contra los duelos ocultos en el porvenir,
contra el tiempo que fija a todo ardor su fin,
contra nuestro terror, contra nosotros mismos en fin,
acurruquémonos, cerca del hogar,
que la memoria en nosotros hace flamear.
Y si el otoño grava
con grandes paños de sombra y de tormentas planeantes,
los bosques, los céspedes y los estanques,
que su dolor al menos no altere
el interior jardín tranquilizado,
donde se unen, en la luz,
los pasos iguales de nuestros pensamientos.
Emile Verhaeren
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-aunque-ya-esta-tarde-emile-verhaeren/
