(II)
Bajo los vidrios del vestíbulo nitroso que el frío horada
y taladra y que nieblas mustias bañan de gris,
una tarde, de pronto helada, se abre el invierno,
en el hogar, bruñido de nafta y de fósforo
que arde: y el carbón puntiagudo se espuma de oro
y el verano póstumo en el oro se reitera;
esmeralda un cuenco, turquesa un vaso
y multiplica en amentos de oro su alma aún.
A través de ese fuego que lo destruye, su alegría
es hacer flores entre las arañas de luces, ¡vivir!
y encender su muerte como una fiesta. A lo lejos,
cuando truena el otoño y el viento disgrega
se aprietan en nudo sus puños y raspa la escarcha…
¡Oh esta muerte que se tortura y que flamea!
Emile Verhaeren
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-atardeceres-emile-verhaeren/
