Murmura alrededor de mi barquilla,
Dulce mar cuyas olas queridas,
Como una amante fiel,
Lanzan una queja eterna
Sobre estos poéticos despojos.
¡Cuánto amo flotar sobre tu onda,
A la hora en que desde lo alto de la roca
El naranjo, la vid fecunda,
Vierten sobre tu ola profunda
Una sombra propicia al navegante!
A menudo, en mi barca sin remo,
Confiándome a tu amor,
Como para adormecer mi alma,
Cierro al balanceo de tu ola
Mis miradas fatigadas del día.
Como un corcel flexible y dócil
Cuyo freno se deja flotar,
Siempre, hacia algún fresco asilo,
Empujas mi barca frágil
Con la espuma de tus orillas.
¡Ah! mece, mece, mece aún,
Mece por última vez,
Mece a este niño que te adora,
Y que desde su tierna aurora
¡No ha soñado más que con la onda y los bosques!
El Dios que decoró el mundo
Con tu elemento gracioso,
Para que aquí todo se corresponda,
Hizo los cielos para brillar sobre la onda,
La onda para reflejar los cielos.
Tan puro como en mi párpado,
El día penetra tu flujo puro,
Y en tu brillante carrera
Pareces rodar la luz
Con tus olas de oro y azur.
Tan libre como el pensamiento,
Rompes el navío de los reyes,
Y en tu cólera insensata,
Fiel al Dios que te lanzó,
No te detienes sino ante su voz.
De lo infinito sublime imagen,
De ola en ola el ojo arrebatado
Te sigue en vano de playa en playa,
El espíritu busca en vano tu orilla,
Como los de la eternidad.
Tu voz majestuosa y dulce
Hace temblar el eco de tus orillas,
O sobre la hierba que te repele,
Como el céfiro en la espuma,
Murmura moribundos acordes.
¡Cuánto te amo, oh ola flexible,
Cuando, bajo mi tímido navío,
Como un gigante que se humilla,
Bajo este vano peso la onda que se pliega
Me cava una líquida cuna.
¡Cuánto te amo cuando, el céfiro
Dormido en tus frescas grutas,
Tu ribera parece sonreír
Al ver en tu seno que admira
Flotar la sombra de sus bosques!
¡Cuánto te amo cuando sobre mi popa
Festones de mil colores,
Colgando al viento que los recorta,
Te coronan como una copa
Cuyos bordes están velados de flores!
¡Qué dulce es, cuando el viento acaricia
Tu seno muellemente agitado,
Ver, bajo mi mano que la oprime,
Tu ola, que se hincha y se baja
Como el seno de la belleza!
Ven, a mi barca fugitiva
Ven a dar el beso de adiós;
Rueda alrededor una voz plañidera,
Y con la espuma de tu ribera
Moja aún mi frente y mis ojos.
Deja sobre tu llanura móvil
Flotar mi barquilla a su gusto,
O bajo la gruta de la sibila,
O sobre la tumba de Virgilio:
Cada una de tus olas me es sagrada.
Por doquier, en tu ribera querida,
Donde el amor despertó mi corazón,
Mi alma, a su vista enternecida,
Encuentra un asilo, una patria,
Y despojos de su felicidad,
Flota al azar: en cualquier playa
Que me hagas derivar,
Cada ola me trae una imagen;
Cada roca de tu ribera
Me hace recordar o soñar…
Alphonse de Lamartine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-adios-al-mar-alphonse-de-lamartine/
