¡Oh! Habéis dicho demasiado al pobre pequeñuelo ángel
que hay otros ángeles allá arriba,
que nada sufre en el cielo, que nunca nada cambia en él,
que es dulce volver a entrar pronto allí;
que el cielo es una cúpula de maravillosos pilastras,
una tienda de ricos colores,
un jardín azul lleno de lirios que son astros,
y de estrellas que son flores;
que es un lugar alegre más de lo que se podría decir,
donde siempre, dejándose encantar,
se tiene a los querubines para jugar y reír,
y al buen Dios para amarnos;
¡que es dulce ser un corazón que arde como un cirio,
y vivir, en toda estación,
cerca del niño Jesús y de la santa Virgen
en una casa tan hermosa!
Y luego no habéis dicho bastante, pobre madre,
a ese hijo tan frágil y tan dulce,
que vos erais suya en esta vida amarga,
pero también que él era vuestro;
que, mientras se es pequeño, la madre vela sobre nosotros,
pero que más tarde uno la defiende;
y que ella tendrá necesidad, cuando sea vieja,
de un hombre que sea su hijo;
No habéis dicho bastante a esa joven alma
que Dios quiere que uno permanezca aquí abajo,
la mujer guiando al hombre y el hombre ayudando a la mujer,
para los dolores y los combates;
¡tanto es así que un día, oh duelo! ¡pérdida irreparable!
el dulce ser se ha ido!…
¡Ay! ¡Habéis dejado la jaula abierta,
que vuestro pájaro ha volado!
Victor Hugo
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-a-la-madre-del-nino-muerto-victor-hugo/
