Las ranas que piden un rey

Fábula de Jean De La Fontaine Colección Las FábulasTemas Animales, PolíticaÉpoca Siglo XVIIAnálisis de Arthur ↓

Las ranas, cansadas
del estado democrático,
con sus clamores hicieron tanto
que Júpiter las sometió al poder monárquico.
Les cayó del cielo un rey muy pacífico:
este rey, sin embargo, hizo tal ruido al caer
que la gente pantanosa,
gente muy necia y muy miedosa,
fue a esconderse bajo las aguas,
entre los juncos, entre las cañas,
en los agujeros del pantano,
sin atreverse por mucho tiempo a mirar el rostro
del que creían ser un gigante nuevo;
pero era un madero,
cuya gravedad dio miedo a la primera
que, al verle aventurarse,
se atrevió a salir de su guarida.
Se acercó, pero temblando.
Otra la siguió, otra hizo lo mismo,
llegó un hormiguero;
y su tropa al final se familiarizó
hasta saltar sobre el hombro del rey.
El buen señor lo soporta y se queda siempre quieto.
Júpiter pronto se harta.
Dadnos, dice ese pueblo, un rey que se mueva.
El monarca de los dioses les envía una grulla,
que los engulle, que los mata,
que los traga a su placer,
y las ranas se quejan;
y Júpiter les dice: ¡Eh! ¿vuestro deseo
cree poder imponernos sus leyes?
Debíais primeramente
conservar vuestro gobierno;
pero, no habiéndolo hecho, debía bastaros
que vuestro primer rey fuese bondadoso y dulce:
de este contentaos,
por miedo de encontrar uno peor.

Jean de La Fontaine

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-las-ranas-que-piden-un-rey-jean-de-la-fontaine/

Arthur

Interpretación

El análisis de Arthur

El pueblo de las ranas, que está cansado de la democracia, pide a Júpiter un rey. Este concede el deseo, pero no les da como gobernante más que un monarca sin energía ni autoridad (un madero).
Descontentas, las ranas reclaman a Júpiter un nuevo rey, ¡pero que esta vez se mueva!
La petición es aceptada una vez más: las ranas reciben como rey una grulla. ¡Qué chasco, sin embargo! La grulla es un tirano, que mata y devora a las ranas que osan acercarse a ella.

Una vez más, la puesta en escena del mundo animal permite a Jean de La Fontaine trazar paralelismos con sus contemporáneos. Los hombres, a los que representa aquí bajo los rasgos de las ranas, son irreflexivos, de opinión cambiante y comportamiento gregario. Eternos insatisfechos, no saben contentarse con lo que tienen.

La consecuencia de esta inconstancia es que, al reclamar el cambio, olvidan que este podría empeorar su situación en lugar de mejorarla.

El mensaje que transmite Jean de La Fontaine, bajo las palabras de Júpiter, aparece desde entonces claro: puede que no os guste Luis XIV, pero guardaos de criticarlo, podríais conocer una suerte menos favorable con otro rey.

Esta fábula no es, pues, en absoluto una crítica del poder establecido, sino, al contrario, un apoyo para él. Nada sorprendente, puesto que, como hombre de corte, Jean de La Fontaine tenía todo su sitio en Versalles, junto a Luis XIV.

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