Apenas las cabras han pastado,
cierto espíritu de libertad
las hace buscar fortuna; van de viaje
hacia los lugares del pasto
menos frecuentados por los humanos.
Allí, si hay algún lugar sin ruta y sin caminos,
una roca, algún monte colgado de precipicios,
es donde estas damas van a pasear sus caprichos;
nada puede detener a este animal trepador.
Dos cabras, pues, emancipándose,
teniendo ambas pata blanca,
dejaron los prados bajos, cada una por su parte.
La una hacia la otra iba por alguna buena ventura.
Se encuentran un arroyo, y por puente una tabla.
Dos comadrejas apenas habrían pasado de frente
sobre este puente;
además, la onda rápida y el arroyo profundo
debían hacer temblar de miedo a estas amazonas.
A pesar de tantos peligros, una de estas personas
pone un pie sobre la tabla, y la otra hace lo mismo.
Me imagino ver con Luis el Grande
a Felipe Cuarto que avanza
en la isla de la Conferencia.
Así avanzaban paso a paso,
nariz con nariz, nuestras aventureras,
que, siendo ambas muy orgullosas,
hacia el medio del puente no quisieron
la una a la otra ceder. Tenían la gloria
de contar en su raza (según dice la Historia)
la una cierta cabra de mérito sin par
que Polifemo regaló a Galatea,
y la otra la cabra Amaltea,
por quien fue criado Júpiter.
Por no retroceder, su caída fue común;
ambas cayeron al agua.
Este accidente no es nuevo
en el camino de la Fortuna.
Jean de La Fontaine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-las-dos-cabras-jean-de-la-fontaine/
