Había una vieja con dos criadas.
Hilaban tan bien que las hermanas hilanderas
no hacían más que enredar en comparación con ellas.
La vieja no tenía preocupación más urgente
que repartir a las criadas su tarea.
Tan pronto como Tetis expulsaba a Febo de doradas crines,
los tornos entraban en juego, los husos se sacaban;
de acá, de allá, ya tenéis;
sin tregua, sin descanso.
Tan pronto como la Aurora, digo, en su carro subía,
un miserable gallo a punto fijo cantaba.
Al instante nuestra vieja, aún más miserable,
se ponía un refajo sucio y detestable,
encendía una lámpara y corría derecho a la cama
donde con todo su poder, con todo su apetito,
dormían las dos pobres criadas.
Una entreabría un ojo, la otra extendía un brazo;
y las dos, muy descontentas,
decían entre dientes: Maldito gallo, morirás.
Como lo habían dicho, la bestia fue atrapada.
El despertador tuvo la garganta cortada.
Este asesinato no mejoró en nada su trato.
Nuestra pareja, al contrario, apenas se había acostado
cuando la vieja, temiendo dejar pasar la hora,
corría como un duende por toda su morada.
Así es como la mayoría de las veces,
cuando uno cree salir de un mal negocio,
se hunde aún más adentro:
testigo esta pareja y su salario.
La vieja, en lugar del gallo, las hizo caer por allí
de Escila a Caribdis.
Jean de La Fontaine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-la-vieja-y-las-dos-criadas-jean-de-la-fontaine/
