En este relato pretendo mostrar
la vana reprensión de cierto necio.
Un niño pequeño cayó al agua,
jugueteando en las orillas del Sena.
El Cielo permitió que hubiera un sauce,
cuyas ramas, después de Dios, lo salvaron.
Habiéndose agarrado, digo, a las ramas de ese sauce,
por aquel lugar pasa un maestro de escuela.
El niño le grita: «¡Socorro! ¡Perezco!»
El magister, volviéndose a sus gritos,
con tono muy grave y a destiempo, se le ocurre
reprenderlo: «¡Ah, monigote!
¡Mira, dice, dónde lo ha puesto su tontería!
Y luego, encargaos de tales bribones.
¡Qué desdichados son los padres que deben
velar siempre por semejante canalla!
¡Cuántos males tienen! ¡Y cómo compadezco su suerte!»
Dicho todo esto, puso al niño a bordo.
Aquí censuro a más gente de lo que se piensa.
Todo charlatán, todo censor, todo pedante,
puede reconocerse en el discurso que adelanto:
cada uno de los tres forma un pueblo muy grande;
el Creador ha bendecido su linaje.
En cualquier asunto solo piensan
en los medios de ejercer su lengua.
¡Eh, amigo mío, sácame del peligro:
harás después tu arenga.
Jean de La Fontaine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-el-nino-y-el-maestro-de-escuela-jean-de-la-fontaine/
