Un hombre rico, necio y vano,
cualidades que a veces marchan en compañía,
creía para todas las artes tener un gusto divino,
y pensaba que su oro le daba el genio.
Cada día en su mesa se veían reunidos
pintores, escultores, sabios, artistas, ingenios,
que le prodigaban los homenajes,
le mostraban dibujos, le leían obras,
escuchaban los consejos que se dignaba darles,
y lo llamaban Mecenas mientras cenaban a su costa.
Paseando una tarde en su parque solitario,
seguido de un jardinero, hombre instruido y de juicio,
vio un jabalí que labraba la tierra,
como hacen a veces para afilar sus dientes.
Alrededor del jabalí, los mirlos, las currucas,
sobre todo los ruiseñores, revoloteando, deteniéndose,
repetían a porfía sus dulces coplillas,
y lo seguían siempre cantando.
El animal escuchaba el armonioso trino
con la gravedad de un docto conocedor,
bajaba a veces la testa en señal de favor,
o bien, sacudiéndola, rechazaba su sufragio.
¿Qué es esto? Dice el financiero:
¡cómo! ¡Los cantores del bosque
para su juez han elegido a este animal salvaje!
No, responde el jardinero;
de la tierra por él recién labrada
han salido varios gusanos, excelente presa
que sola atrae a esas aves:
no se mantienen a su lado
sino para comer esos gusanillos;
y el imbécil cree que es por su mérito.
Florian
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-el-jabali-y-los-ruisenores-jean-pierre-claris-de-florian/
