Un gato, llamado Rodilardo,
hacía entre las ratas tal destrozo,
que ya casi no se veía ninguna,
tantas había mandado a la sepultura.
Las pocas que quedaban, sin atreverse a salir de su agujero,
no encontraban para comer sino la cuarta parte de su cuarto,
y Rodilardo pasaba, entre la mísera gente,
no por gato, sino por diablo.
Mas un día en que a lo alto y a lo lejos
el galán fue a buscar hembra,
durante todo el sabbat que armó con su dama,
las ratas restantes celebraron capítulo en un rincón
sobre la necesidad presente.
Desde el principio, su Decano, persona muy prudente,
opinión dio de que era menester, cuanto antes,
atar un cascabel al cuello de Rodilardo;
que así, cuando fuera a la guerra,
advertidos de su marcha, se esconderían bajo tierra;
que no sabía otro medio.
Todos fueron del parecer del señor Decano,
nada les pareció a todos más saludable.
La dificultad fue atar el cascabel.
Uno dijo: «Yo no voy, no soy tan necio»;
otro: «Yo no sabría». De modo que sin hacer nada
se separaron. Muchos capítulos he visto
que así se han celebrado en vano;
capítulos, no de ratas, sino capítulos de monjes,
incluso capítulos de canónigos.
No hay más que deliberar,
la Corte de consejeros rebosa;
¿es necesario ejecutar?,
ya no se encuentra a nadie.
Jean de La Fontaine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-consejo-celebrado-por-las-ratas-jean-de-la-fontaine/
