Un nombre

Poema de Alphonse De Lamartine Colección Meditaciones poéticasÉpoca Siglo XIX

Hay un nombre oculto en la sombra de mi alma,
que leo en ella noche y día y que ningún ojo ve,
como un anillo perdido que la mano de una mujer
dejó resbalar del dedo en el abismo de los mares.

En el arca de mi corazón, que solo para él se entreabre,
duerme sepultado bajo una llave de bronce;
mi amor lo cubre de misterio y de miedo,
como después de una fiesta se cierra un estuche.

Si lo pedís, mi labio no responde,
pero, tal como un talismán formado por una palabra secreta,
cuando a solas con el eco mi boca lo pronuncia,
mi noche se abre, y en el alma un ser se me aparece.

En día deslumbrante la sombra se transfigura;
rayos, escapados por las grietas de los cielos,
tiñen de pudor una blanca figura
ante la cual el ángel deslumbrado no osa alzar los ojos.

Es una virgen niña, y que aún crece;
llueve sobre esta mañana bellezas y días;
de pensamiento en pensamiento se ve su alma abrirse,
como su cuerpo encantador de contorno en contorno.

Un deslumbramiento de juventud y de gracia
fascina la mirada donde su encanto se ha quedado.
Cuando ella da un paso, parece que el espacio
se ilumina y se agranda para tanta majestad.

En sus cabellos bronceados jamás juega el viento.
Robando una mirada que un rizo interrumpe,
serpentean pegados al mármol de su mejilla,
arrojando la sombra pensativa a los secretos de su frente.

Su tez serena, y veteada de manchas de ópalo,
como si se estremeciera antes de la pasión,
matiza su frescura con los reflejos de un lirio pálido,
donde la boca ha dejado su húmeda impresión.

Seria al nacer hasta en su sonrisa,
aborda la vida con recogimiento;
su corazón, profundo y pesado cada vez que respira,
levanta con su pecho un peso de sentimiento.

Sosteniendo en su mano su cabeza inclinada,
y frunciendo las cejas que cubren su ojo negro,
parece lanzar el relámpago de su pensamiento
hasta horizontes que ningún ojo puede ver.

Como en el seno de esas noches sin brumas y sin velos,
donde en su profundidad el ojo sorprende los cielos desnudos,
en sus hermosos ojos de niña, firmamento lleno de estrellas,
veo despuntar y nadar astros desconocidos.

De los esplendores de esta alma un reflejo me atraviesa;
transforma en Edén esta morada triste y fría.
La ola muerta de mi sangre se acelera, y mece
mundos de felicidad sobre esas olas de amor.

– ¡Oh! decidnos ese nombre, ese nombre que hace que se ame;
¡que deja en el labio un sabor de miel!
– No, no lo digo en la tierra ni a mí mismo;
lo llevo al sepulcro para embellecerme el cielo.

Alphonse de Lamartine

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-un-nombre-alphonse-de-lamartine/