Dos hermanos jardineros tenían por herencia
un jardín, del cual cada uno cultivaba la mitad;
unidos por estrecha amistad,
juntos llevaban su casa.
Uno de ellos, llamado Juan, bello ingenio, buen hablador,
se creía un grandísimo doctor;
y el señor Juan pasaba la vida
leyendo el almanaque, mirando el tiempo
y la veleta y los vientos.
Pronto, dando alas a su raro genio,
quiso descubrir cómo de un guisante solo
miles de guisantes pueden salir tan rápido;
por qué la semilla del tilo,
que produce un gran árbol, es sin embargo más pequeña
que la haba que muere a dos pies de la tierra;
en fin, por qué secreto misterio
esa haba que se siembra al azar sobre la tierra
sabe girarse en su seno,
coloca abajo su raíz y empuja hacia arriba su tallo.
Mientras él sueña y se aflige
por no penetrar tan importantes secretos,
no riega su huerto;
sus espinares y su lechuga
se secan de pie; el viento del norte le mata
sus higueras que no cubre.
Ni frutos en el mercado, ni dinero en la bolsa;
y el pobre doctor, con sus almanaques,
no tiene más recurso que su hermano.
Este, desde muy de mañana,
trabajaba cantando alguna alegre canción,
cavaba, regaba todo, del melocotonero a la acedera.
Lo que ignoraba, sin querer discurrir,
lo sembraba sencillamente para poder recoger.
Por eso en su terreno todo iba de maravilla;
tenía escudos, frutos y placer.
Fue él quien alimentó a su hermano;
y cuando el señor Juan, muy sorprendido,
vino a preguntarle cómo sabía hacerlo:
—amigo mío, le dijo, he aquí todo el misterio:
yo trabajo, y tú reflexionas;
¿cuál de los dos rinde más?
Tú te atormentas, yo gozo;
¿quién de nosotros dos es más sabio?
Florian
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-los-dos-jardineros-jean-pierre-claris-de-florian/
