¡Ay, qué noche! Esta noche de velada lúgubre.
Odio, ya no sé más; quiero, no sé qué;
ah, alma mía, hacia una nada se ha marchado,
hacia una nada, muy lejos, no sé dónde, ¿allá?
Repican montones de clamores sobre mi cabeza,
toca a muerto el viento, y los cirios benditos
que se encendían, durante el miedo de la tempestad,
los buenos cirios se han apagado y se han acabado.
Eso se pierde, eso se va, eso se disloca,
eso se queja en mí, tan monótonamente,
y eso parece un grito de pájaro que se deshilacha,
que se deshilacha al viento de invierno, lejanamente.
¡Oh estas largas horas tras estas largas horas,
y sin tregua, siempre, y sin saber por qué
y sin saber por qué estas angustias mayores;
oh estas largas horas de horas a través de mí!
¿Una tortura? – ¡Oh vosotros que las sabéis tan sombrías,
estas noches sombrías, y que danzáis, al viento del Norte,
celos de huracán, sobre los pantanos y los mundillos
y los estanques y los caminos y sobre la muerte;
¿Una tortura en mí golpea y me lacera?
¿Una tortura a plenos relámpagos, como hoces
y sables, por entre mi miseria;
una tortura, a golpes de clavos y de martillos?
Allá, esas grandes cruces en el cruce de los caminos,
esas cruces! – ¡Oh! no poder desangrar en ellas el corazón; esas cruces,
donde se enganchan gritos de espacio y de derrotas,
gritos y harapos de viento en los grandes bosques.
Emile Verhaeren
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-horas-sombrias-emile-verhaeren/
