¡Alza el vuelo, canción, ve a decir al Rey de Francia
mi sueño luminoso, mi suprema esperanza!
Canto, oh Patria mía, en versos dulces y lentos
el cinturón de azur ceñido a tus flancos,
el líquido camino de Burdeos a Narbona
que abrevan por turno el Aude y la Garona.
*
La aurora tiende sus brazos rosados en torno al cielo.
Se huele la rosa, se huele el tomillo, se huele la miel.
La brisa cálida, húmeda con vagos olores,
sopla del mar azul donde blanquean las olas.
Y el mar azul llega en medio de las colinas;
su ola sumisa trae aquí mil barcos:
naves de Oriente, recargadas de aromas,
barcazas llenas de maíz, de limones, de tomates,
faluchos que traen los fardos de Cachemira,
tartanas donde se ve dormir a levantinos.
Los tesoros centelleantes de la India y de la China
pasan, velados por el vapor de la máquina:
es el nácar, el marfil, y la seda y el té,
el té néctar suave y casta voluptuosidad;
nácar, marfil labrados en selvas de la luna,
sauces, melocotoneros en flor sobre faille azul y oscura.
El tabaco, el hachís, el opio, venenos encantadores,
traman a todos los aduaneros y a todos los reglamentos.
En el canal profundo, exento de los vientos de alta mar,
este navío avanza, alegre con su carga.
Es un ruso, que viene del gran país de los trigos,
¡es el Amigo! Tendremos pan en los tiempos revueltos.
Bajo este bello cielo, bajo resplandores parecidos al oro,
esos navíos presurosos van, rico enjambre de abejas.
*
Canto, oh Patria mía, en versos dulces y lentos,
el cinturón de azur ceñido a tus flancos,
el líquido camino de Burdeos a Narbona,
que abrevan por turno el Aude y la Garona.
*
He aquí, blancas, alinearse las casas a las orillas,
dichosas, sin cuidado de las malas estaciones.
Pues los aportes del mundo y la ciencia insigne
han hecho revivir aquí el olivo y la vid.
El olivo es la paz; la dicha es el vino.
Todo es alegría ahora, en este país divino.
Las muchachas llevan en sus cabellos, en los paseos,
los acianos, los jazmines y la flor de los granados.
Ellas pasan, mientras allá lejos, los muchachos
ritman la lengua de oc en claras canciones.
¡Toulouse! ciudad antigua donde aún florecen
para los poetas vuestras flores de oro, Clémence Isaure,
la triunfal Toulouse alberga al universo
bajo sus palacios de ladrillo y sus álamos verdes.
Y la flauta suspira y el arpa resuena
en las orillas del canal de Burdeos a Narbona.
*
Canto, oh Patria mía, en versos dulces y lentos,
el cinturón de azur ceñido a tus flancos.
*
Del Océano, he aquí venir en sentido inverso
esos navíos negros, esos trigos que en los muelles se vierten,
y el oro, la plata, el cobre, objetos de un trueque perverso
del que se ceba el crimen, y por el que lloran mis versos,
los bueyes de grandes ojos dulces que el mar espanta,
cotizados con palabras crueles, «provisiones de boca».
Es América, es carne y pan.
Dejemos pasar. ¡Al Este, tantos pobres tienen hambre!
La consigna está con los ingleses:
carbón, algodón, pagar, pasar, callar.
Se acabó el inglés, antiguo espantajo,
¡mar azul, donde luce el nácar, donde enrojece el coral!
Bajo los ojos de la noche, duerme Mediterráneo,
y sonríe a la mañana, mar donde nació Venus,
y sonríe a África donde el orgullo indómito
de nuestros reyes hizo florecer la santa libertad.
¡Ola de azur y de armiño, en las rocas que lavas
Francia ha prohibido encadenar esclavos!
*
Canto, oh Patria mía, en versos dulces y lentos,
el cinturón de azur ceñido a tus flancos.
*
Normandos, bretones, gascones, Languedoc y Provenza,
bebamos juntos a la salud del Rey de Francia.
Pasad por aquí, cantemos, y estrechémonos las manos,
lejos de las tempestades, lejos de los caminos desastrosos,
el golfo de Gascuña y el mar de los Sargazos,
Gibraltar sin provecho para los ingleses rapaces.
Escandinavo a tu gusto, marino universal,
tráenos tu pesca, llévate nuestra sal,
y que con nuestro vino tu audacia se abreve
en Islandia y en las nieblas de Terranova.
*
Canto, oh Patria mía, en versos dulces y lentos
el cinturón de azur ceñido a tus flancos,
el camino que soñó la ciencia ideal,
el canal cavado por la Potencia real.
*
Aquí, tranquilos, en el corazón del país, unos diques
mece las naves de acero, esas avispas en enjambres.
Ellas dan, pudiendo tomar todas las rutas.
Hay franceses a bordo, la Muerte está en las bodegas.
Y el Oriente malsano, y el Occidente venal
no saben de dónde saldremos del canal.
*
¡Alza el vuelo, canción, ve a decir al Rey de Francia
mi sueño luminoso, mi suprema esperanza!
*
Ahora los canales forman como un laberinto,
como un tapiz bordado que recubre el país.
Y el País del vino bermejo, de las rubias mieses,
Francia tiene en su corazón el camino de los dos mundos,
el líquido camino, azul, bordeado de árboles verdes,
que Riquet debió soñar y que cantan mis versos.
*
Los buenos monstruos de hierro, excavadoras y dragas,
hicieron este río donde los dos mares juntan sus olas.
Y la tierra entregó desde el fondo de sus repliegues
unos sueldos galos marcados con un gallo, marcados con un lis.
Los sueldos galos que se encuentran en Alsacia, en Lorena,
baluartes que muestra al Este la Francia soberana,
la Francia que el Rin y sus grandes álamos
limitan, fieles testigos de los tiempos no olvidados.
Pues el Rin es galo, como es galo el Ródano,
como lo es el Sena que baña los pies del trono,
como lo es el Loira donde Juana y sus guerreros gigantes
expulsaron a los ingleses en el sitio de Orleans,
como lo es el azul camino que al universo asombra:
EL GRAN CANAL REAL DE BURDEOS A NARBONA.
*
El Rey de Francia está en París en su palacio,
recibe a todo el mundo, e incluso a los ingleses.
No hay nada tan bello como París sobre la tierra
y todo odio y toda envidia han debido callar.
Por doquier reina el honor, por doquier reina la ley,
se ve cuán fuertes son, y Francia y el Rey.
¡El Rey altivo fuera, el Rey para nosotros tan tierno!
Se conocen todos los perdones que su mano debió derramar.
Y los malos combates y los malos pleitos
no han vuelto a turbar los corazones del gran pueblo francés.
La nación, antaño saqueada y malherida,
offrece a su Rey la paz, su sangre a la Patria.
*
Pero la gloria del Rey de Francia va más alto
que la tierra. Ahora es el cielo lo que le hace falta.
Pues el cielo está poblado de esferas amorosas,
como nosotros, de luz y de selvas umbrías;
pues los sabios han visto desde hace más de cien años
señales hechas en vano. ¡No había tiempo!
Marte, el planeta austero donde reina la ciencia,
nos saluda. Han visto el trazo azul sobre Francia.
Un punto brillante, rítmico, por un querer secreto
en ese mundo lejano, aparece, desaparece.
¡Adivina, geómetra, y responde, astrónomo!
Que sepan que entre nosotros el Verbo se hizo hombre.
¡Su genio en canales tan numerosos está inscrito!
Se han dicho: «Sobre la tierra también reina el espíritu.»
Han visto de ello el signo en el potente telescopio,
sus relámpagos son la llamada a la tierra, a Europa,
y Francia, donde el antiguo mal debió apaciguarse,
recibe el planetario y fraternal beso.
Por eso Francia fue, sobre la tierra, la primera
que respondió con la luz a la luz.
*
He cantado, Patria mía, en versos dulces y lentos,
el cinturón de azur ceñido a tus flancos.
*
¡Alza el vuelo, canción, ve a decir al Rey de Francia
mi sueño luminoso, mi suprema esperanza!
Charles Cros
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-la-vision-del-gran-canal-real-de-los-dos-mares-charles-cros/
