La filosofía se atreve a escalar el cielo.
Triste, está ahí. ¿Quién te construyó, oh Babel?
¡Oh! ¡Qué montón de esfuerzos sin meta! ¡Qué espirales
De sueños, de lecciones, de dogmas, de morales!
¡Colmena que llena de ruido y de trastorno un amasijo
De magos, de doctores, de papas, de lamas!
Caserón donde la hipótesis se apoya en las ficciones,
Teniendo por techo la noche y por cueva la fosa;
Pórticos azules abiertos a las inmensidades,
Visitados por todos los torbellinos de los sueños;
Vano frontón que el peso del infinito deprime,
Especie de campanario siniestro del abismo
Donde zumban el espanto, la revuelta, y el enjambre
De todos los errores tocando su negro toque de rebato.
Y, como, de luces confusamente sembradas,
Por las brechas de un techo se exhalan humaredas,
Las doctrinas, las leyes y las religiones,
Lo que hoy se cree, lo que ayer soñábamos,
Todo lo que inventó el hombre, altar, culto o sistema,
Por todos los respiraderos del edificio lívido,
A través de la negrura del cielo triste y profundo,
Todas las visiones del género humano se van,
Dispersas, en jirones, por los vientos desatadas,
En un vómito lívido de nubes.
Templo, taller, sepulcro, el edificio da miedo.
Se quiere tomar una piedra, se toca un vapor.
Nadie pudo acabarlo. No hay ciclo ni edad
Que no haya puesto su escalera al sombrío andamiaje.
¿Quién habita, pues, ahí? Se ha caído, está en pie;
Es enormidad que tiembla y se disuelve;
Una casa de noche que el vacío dilata.
Pirrón vierte en ella el agua sobre las manos de Pilato;
La duda ronda y da la vuelta al cuchitril
Donde Descartes dice sí mientras Hobbes dice no;
Las generaciones bajo el abismo de las puertas
Ruedan, como, en invierno, montones de hojas muertas;
Las escaleras, sin fin subidas y bajadas,
Están llenas de gritos, de llamadas, de pasos sordos y perdidos
Y de un hormigueo de quimeras rampantes;
Aves espantosas vuelan en las armaduras;
Es Buda, Mahoma, Lutero diciendo: ¡adelante!
¡Lucrecio, Spinoza, todas las negras esfinges aladas!
Todo el hombre está esculpido ahí. Sócrates, Pitágoras,
Malebranche, Tales, Platón de ojos de aurora,
Combinan el ideal mientras Swift, Timón,
Esopo y Rabelais amasan el limo.
¿Es de día? ¿Es de noche? En el horrible crepúsculo
El retórico grimante ríe y gesticula;
No se sabe qué reflejo de un fúnebre oriente
Blanquea los torsos desnudos de los cínicos rientes,
Y de los sabios, arrojando sombras de sátiros;
El adivino sueña y tuerce en las cuerdas de las liras
El laurel verde mezclado de zarzaparrilla eterna.
Cada pórtico entreabierto descubre un negro túnel
Cuya extremidad muestra una estrella ideal;
Como si, —tú lo sabes, Isis de triple velo,—
Estas cavernas de ciencia y estos pozos de razón,
Subterráneos del espíritu humano, sin horizonte,
Sin aire, sin llama, teniendo la duda por pilastra,
Emplearan la noche en hacer eclosionar un astro,
¡Y la mentira impura, deforme, ilimitada,
Vasta, ciega, en construir la blanca verdad!
Por doquier al verdadero el falso, hiedra horrible, se enlaza;
No hay dogma que no tenga su punto débil, y no fatigue
Una cariátide, un soporte, un puntal;
Tebas tiene por apoyo la India, y la India el Catay;
Menfis pesa sobre Delfos, y Ginebra sobre Roma;
Y, vegetación del sombrío espíritu del hombre,
Se ve, encorvados por un soplo en ciertos momentos,
Crecer entre los merlones de los altos entablamentos
Árboles monstruosos y vagos cuyos tallos
Se estremecen en el azur lúgubre de los vértigos.
Y de estos árboles negros por instantes cae un fruto
A la multitud de manos abiertas en la noche;
¿Qué fruto? ¡Pregunta al viento que aúlla y se desencadena!
¿Qué fruto? El fruto de error. ¿Qué fruto? El fruto de odio;
La manzana de Eva con la manzana de Venus.
¡Oh torre! ¡Construcción de albañiles desconocidos!
Sube, sube, y sube, y sube aún,
Aún, y se diría que el cielo la devora;
Y mientras que todo sabio o loco que pasa pone
Una piedra más a su brumoso remate,
Sin cesar por la base se derrumba y se hunde
En la sombra donde Satanás viene con Dios a confundirse;
¡Abismo donde no se oye nada más que el viento que persigue
A estas dos larvas en el fondo de un temblor de noche!
Victor Hugo
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-idolatrias-y-filosofias-victor-hugo/
