Himno del niño al despertar

Poema de Alphonse De Lamartine Colección Armonías poéticas y religiosasTemas InfanciaÉpoca Siglo XIX

¡Oh Padre que adora mi padre!
¡Tú, a quien solo de rodillas se nombra!
¡Tú, cuyo nombre terrible y dulce
hace inclinar la frente de mi madre!

Dicen que este brillante sol
no es más que un juguete de tu poder;
que bajo tus pies se balancea
como una lámpara de bermejo.

Dicen que eres tú quien hace nacer
los pajarillos en los campos,
y quien da a los niños pequeños
un alma también para conocerte.

Dicen que eres tú quien produces
las flores que el jardín se adorna,
y que, sin ti, siempre avaro,
el huerto no tendría fruto alguno.

A los dones que tu bondad mide
todo el universo está convidado;
ningún insecto es olvidado
en este festín de la naturaleza.

El cordero pace el serpol,
la cabra se prende al codeso,
la mosca en el borde del vaso liba
¡las blancas gotas de mi leche!

La alondra tiene el grano amargo
que deja escapar el espigador,
el gorrión sigue al aventador,
y el niño se prende a su madre.

Y para obtener cada don
que cada día haces brotar,
a mediodía, al anochecer, al alba,
¿qué se ha de hacer? ¡Pronunciar tu nombre!

¡Oh Dios! mi boca balbucea
este nombre de los ángeles temido.
¡Un niño incluso es escuchado
en el coro que te glorifica!

Dicen que le gusta recibir
los votos presentados por la infancia,
por causa de esa inocencia
que tenemos sin saberlo.
Dicen que sus humildes alabanzas
a su oído mejor suben,
que los ángeles pueblan los cielos,
¡y que nosotros nos parecemos a los ángeles!

¡Ah! pues escucha de tan lejos
los votos que nuestra boca dirige,
quiero pedirle sin cesar
aquello que los otros necesitan.

Dios mío, da el agua a las fuentes,
da la pluma a los gorriones,
y la lana a los corderitos,
y la sombra y el rocío a las llanuras.

Da al enfermo la salud,
al mendigo el pan que llora,
al huérfano una morada,
al prisionero la libertad.

Da una familia numerosa
al padre que teme al Señor,
da a mí sabiduría y dicha,
¡para que mi madre sea feliz!

Que yo sea bueno, aunque pequeño,
como ese niño en el templo,
que cada mañana contemplo,
sonriendo al pie de mi lecho.

Pon en mi alma la justicia,
en mis labios la verdad,
¡que con temor y docilidad
tu palabra en mi corazón madure!

Y que mi voz se eleve hacia ti
como ese dulce humo
que balancea la urna perfumada
en la mano de niños como yo.

Alphonse de Lamartine

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-himno-del-nino-al-despertar-alphonse-de-lamartine-2/