Hay fuertes perfumes para los que toda materia
es porosa. Diríase que penetran el vidrio.
Al abrir un cofrecillo venido de Oriente
cuya cerradura chirría y se resiste gritando,
O en una casa desierta algún armario
lleno del acre olor de los tiempos, polvoriento y negro,
a veces se encuentra un viejo frasco que se acuerda,
de donde brota vivísima un alma que regresa.
Mil pensamientos dormían, crisálidas fúnebres,
estremeciéndose suavemente en las pesadas tinieblas,
que despliegan su ala y emprenden el vuelo,
teñidos de azul, helados de rosa, dorados de oro.
He aquí el recuerdo embriagador que revolotea
en el aire turbado; los ojos se cierran; el Vértigo
se apodera del alma vencida y la empuja con dos manos
hacia un abismo oscurecido por miasmas humanos;
La derriba al borde de un abismo secular,
donde, Lázaro oloroso rasgando su sudario,
se mueve en su despertar el cadáver espectral
de un viejo amor enranciado, encantador y sepulcral.
Así, cuando yo esté perdido en la memoria
de los hombres, en el rincón de un siniestro armario
cuando me hayan arrojado, viejo frasco desolado,
decrépito, polvoriento, sucio, abyecto, viscoso, rajado,
¡Seré tu ataúd, amable pestilencia!
El testigo de tu fuerza y de tu virulencia,
¡Querido veneno preparado por los ángeles! ¡Licor
que me roe, oh la vida y la muerte de mi corazón!
Charles Baudelaire
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-el-frasco-charles-baudelaire/
