Cuando el Faisán dorado corteja a su hembra,
y hace, para deslumbrarla, la rueda, centellea
con fuegos más tornasolados que un ave de vidriera.
Erizando su penacho de oro, erizando su capuchón
color de alba y rayado con rayas de ébano,
hinchando su peto rojo ardiente, se pasea,
cada ala alzada, con altivas andaduras;
su plumaje se llena de resplandores, las jaspeaduras
de su cuello verde bronceado, el ribete de oro de sus plumas,
el encarnado de su espalda, los esplendores inciertos
de su cola donde apretados granos de bermellón
se alternan con trazos negros sobre un fondo
de rica, suntuosa y lúcida amatista,
todo se enciende, todo brilla…
… Y, sobre esos ojos cambiantes de claras pedrerías
que se unen, se quiebran en joyerías
que engarzan el bronce y el acero, y la plata,
corre aún un estremecimiento de oro móvil y cambiante,
que nace, se extiende, huye, se contrae, palpita,
estalla, se desliza, muere, fluye, ondula, se escama,
se aparta en lazadas de oro, se despliega en placas de oro,
late, se languidece, se dispersa, se pulveriza,
y con una red mágica e inasible
envuelve el cuerpo inflamado del ave.
Auguste Angellier
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-el-faisan-dorado-auguste-angellier/
