Al Rey

Poema de Pierre Corneille Temas VariosÉpoca Siglo XVII

¿Es verdad, gran Monarca, y puedo yo vanagloriarme
de que te complazcas en resucitarme;
de que al cabo de cuarenta años Cinna, Pompeyo, Horacio,
vuelvan a estar de moda y recobren su lugar,
y que el feliz brillo de mis jóvenes rivales
no quite su viejo lustre a mis primeros trabajos?
Acaba. Los últimos no tienen nada que degenerar.
Nada que los haga creer hijos de otro padre;
son unos desdichados, ahogados en la cuna,
a los que una sola de tus miradas sacaría del sepulcro.
Se ve a Sertorio, Edipo y Rodoguna,
restablecidos por tu elección en toda su fortuna:
y esa elección mostraría que Otón y Surena
no son unos segundones indignos de Cinna.
Sofonisba a su vez, Atila, Pulqueria,
recobrarían para complacerte una segunda vida;
Agesilao tendría en tropel espectadores,
y Berenice, en fin, encontraría actores.
El pueblo, lo confieso, y la corte los degradan;
yo me debilito, o al menos ellos se lo persuaden:
para escribir bien aún he escrito demasiado tiempo,
y las arrugas de la frente pasan hasta el espíritu;
¡pero contra este abuso que yo haría de sufragios
si tú dieras los tuyos a mis últimas obras!
¡Cómo la imperiosa ley de tanta bondad
haría volver pronto hacia mí a pueblo y corte!
«Tal Sófocles a los cien años aún encantaba a Atenas,
tal bullía aún su vieja sangre en sus venas,
dirían a porfía, cuando Edipo acorralado
de sus jueces para él ganó todos los votos.»
No iré tan lejos, y, si mis quince lustros
causan aún alguna pena a los Modernos ilustres,
si hay quienes lleguen a disgustarse por ello,
no tendré por mucho tiempo que importunarlos.
Sea lo que fuere lo que me prometa, nada tienen que temer;
es el último resplandor de un fuego a punto de apagarse:
al punto de expirar, trata de deslumbrar,
y no hiere los ojos sino para desvanecerse.
Permite, sea lo que fuere, que mi alma arrebatada
te consagre lo poco que me queda de vida:
la oferta no es muy grande, y el menor momento
puede dispensar mis votos de su cumplimiento.
Prevén ese duro momento con órdenes propicias;
cuenta mis buenos deseos como otros tantos servicios.
Sirvo desde hace doce años, pero es por otros brazos
que vierto por ti sangre en nuestros combates:
aún lloro por un hijo, y temblaré por el otro
mientras Marte turbe tu reposo y el nuestro;
mis temores cesarán al fin con esa paz
que hace de tantos Estados los más ardientes deseos.
Entre tanto, si es verdad que mi servicio place,
Señor, una buena palabra, por gracia, al Padre de la Chaise.

Pierre Corneille

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-al-rey-pierre-corneille/