Al relámpago violento de tu rostro divino,
no siendo más que hombre mortal, tu celeste belleza
me hizo gustar la muerte, la muerte y la ruina
para venir de nuevo a la inmortalidad.
Tu fuego divino quemó mi esencia mortal,
tu celeste me prendió y me arrebató a los Cielos,
tu alma era divina y la mía fue tal:
Diosa, me pusiste en el rango de los otros dioses.
Mi boca osó tocar la boca carmesí
para coger, sin la muerte, la inmortal belleza,
he vivido de néctar, he sorbido la ambrosía,
saboreando lo más dulce de la divinidad.
A los ojos de los Dioses celosos, llenos de frenesí,
tengo altares humeantes como los otros dioses,
y por mí, Dios secreto, se ruboriza los celos
cuando mi astro desconocido ha disfrazado los Cielos.
Incluso un Dios contrahecho, rechazado de la boca,
venga a golpes de martillo su impotente furor,
mientras que yo he cogido el beso y el lecho
y el quinto fruto del néctar más dulce.
Estos humanos cegados envidiosos me hacen la guerra,
alzando contra el cielo la escala, han subido,
mas desde mi paraíso desprecio su tierra
y el cielo no es nada para mí al precio de tu belleza.
Théodore Agrippa d’Aubigné
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-al-relampago-violento-de-tu-rostro-divino-theodore-agrippa-d-aubigne/
