Los animales enfermos de peste

Fábula de Jean De La Fontaine Colección Las FábulasTemas Animales, Salud, SátiraÉpoca Siglo XVII

Un mal que siembra el terror,
mal que el Cielo en su furor
inventó para castigar los crímenes de la tierra,
la Peste (pues hay que llamarla por su nombre)
capaz de enriquecer en un día al Aqueronte,
hacía la guerra a los animales.
No morían todos, pero todos estaban heridos:
no se veía a ninguno ocupado
en buscar el sostén de una vida moribunda;
ningún manjar excitaba su deseo;
ni Lobos ni Zorros acechaban
la dulce e inocente presa.
Las Tórtolas se huían:
más amor, por tanto, más alegría.
El León celebró consejo, y dijo: Queridos amigos,
creo que el Cielo ha permitido
por nuestros pecados esta desgracia;
que el más culpable de nosotros
se sacrifique a los dardos de la celeste ira,
quizá obtendrá la curación común.
La historia nos enseña que en tales accidentes
se hacen parecidos sacrificios:
no nos halaguemos, pues; veamos sin indulgencia
el estado de nuestra conciencia.
En cuanto a mí, satisfaciendo mis apetitos glotones
he devorado multitud de ovejas.
¿Qué me habían hecho? Ninguna ofensa:
incluso me ha sucedido alguna vez comer
al Pastor.
Me sacrificaré, pues, si es necesario; pero pienso
que es bueno que cada uno se acuse como yo:
pues se debe desear según toda justicia
que el más culpable perezca.
– Sire, dijo el Zorro, sois un Rey demasiado bueno;
vuestros escrúpulos muestran demasiada delicadeza;
pues bien, comer ovejas, canalla, necia especie,
¿es acaso un pecado? No, no. Les disteis, Señor,
al engullirlas, mucho honor.
Y en cuanto al Pastor se puede decir
que era digno de todos los males,
siendo de esa gente que sobre los animales
se forja un quimérico imperio.
Así dijo el Zorro, y los aduladores a aplaudir.
No se osó profundizar demasiado
en el Tigre, ni en el Oso, ni en las otras potencias,
las menos perdonables ofensas.
Todas las gentes pendencieras, hasta los simples mastines,
a decir de cada cual, eran unos santitos.
El Asno llegó a su vez y dijo: Tengo memoria
de que pasando por un prado de Monjes,
el hambre, la ocasión, la hierba tierna, y creo
que algún diablo también me empujaba,
corté de ese prado el ancho de mi lengua.
No tenía ningún derecho, pues hay que hablar claro.
A estas palabras se gritó ¡hurra! contra el borrico.
Un Lobo algo clérigo probó con su arenga
que había que sacrificar a ese maldito animal,
a ese pelado, a ese sarnoso, de donde venía todo su mal.
Su pecadillo fue juzgado caso de horca.
¡Comer la hierba ajena! ¡Qué crimen abominable!
Nada salvo la muerte era capaz
de expiar su fechoría: se lo hicieron bien ver.
Según seáis poderoso o miserable,
los juicios de corte os harán blanco o negro.

Jean de La Fontaine

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-los-animales-enfermos-de-peste-jean-de-la-fontaine/