El ratón metamorfoseado en muchacha

Fábula de Jean De La Fontaine Colección Las FábulasTemas Animales, VidaÉpoca Siglo XVII

Un Ratón cayó del pico de un Búho:
yo no lo habría recogido;
pero un bracmán lo hizo; lo creo sin esfuerzo:
cada país tiene su pensamiento.
El Ratón estaba muy magullado:
de esa clase de prójimo
poco nos preocupamos; pero el pueblo bracmán
lo trata como hermano; tienen en la cabeza
que nuestra alma, al salir de un Rey,
entra en un ácaro, o en tal otra bestia
que place al Hado. Es uno de los puntos de su ley.
Pitágoras tomó de ellos este misterio.
Sobre tal fundamento el bracmán creyó obrar bien
rogando a un Hechicero que alojara al Ratón
en un cuerpo que hubiera sido su huésped en otro tiempo.
El hechicero hizo de él una muchacha
de quince años, y tal, y tan gentil,
que el hijo de Príamo por ella habría intentado
mucho más de lo que hizo por la belleza griega.
El bracmán quedó sorprendido de cosa tan nueva.
Dijo a aquel objeto tan dulce:
No tiene más que elegir; pues cada cual está celoso
del honor de ser su esposo.
– En tal caso doy, dijo ella,
mi voz al más poderoso de todos.
– Sol, exclamó entonces el bracmán de rodillas,
tú serás nuestro yerno.
– No, dijo él, esa nube espesa
es más poderosa que yo, pues oculta mis rayos;
os aconsejo que la toméis.
– Y bien, dijo el bracmán a la nube voladora,
¿has nacido para mi hija? – Ay, no; pues el viento
me arroja a su placer de comarca en comarca;
no atentaré contra los derechos de Bóreas.
El bracmán, enfadado, exclamó:
Oh viento, pues, ya que viento hay,
ven a los brazos de nuestra bella.
Acudía él: un monte en el camino lo detuvo. Pasando la pelota a aquel,
lo devuelve, y dice: Tendría una querella
con el Ratón; y ofenderlo
sería estar loco, él que puede traspasarme.
Al oír la palabra Ratón, la Damisela
abrió la oreja; él fue el esposo.
¡Un Ratón! un Ratón; es de esos golpes
que hace Amor, testigo tal y cual:
pero esto quede dicho entre nosotros.
Siempre se tira del lugar de donde se viene. Esta Fábula
prueba bastante bien este punto: pero vista de cerca,
algún poco de sofisma se mezcla entre sus rasgos:
pues ¿qué esposo no es preferible al Sol
obrando así? ¿Diré que un gigante
es menos fuerte que una pulga? ella lo muerde, sin embargo.
El Ratón debía también devolver, para obrar bien,
la bella al gato, el gato al perro,
el perro al lobo. Por medio
de este argumento circular,
Pilpay hasta el Sol habría subido al fin;
el Sol habría gozado de la joven belleza.
Volvamos, si se puede, a la metempsícosis:
el hechicero del bracmán hizo sin duda una cosa
que, lejos de probarla, muestra su falsedad.
Tomo derecho en esto contra el bracmán mismo:
pues es preciso, según su sistema,
que el hombre, el ratón, el gusano, en fin, cada cual
vaya a sacar su alma de un tesoro común:
todas son, pues, del mismo temple;
pero obrando diversamente
según el órgano solamente,
una se eleva, y otra se arrastra.
¿De dónde viene, pues, que ese cuerpo tan bien organizado
no pudo obligar a su huésped
a unirse al Sol, y un Ratón tuvo su ternura?
Todo debatido, todo bien pesado,
las almas de los ratones y las almas de las bellas
son muy diferentes entre sí.
Es preciso volver siempre a su destino,
es decir, a la ley por el Cielo establecida.
Hablad al diablo, emplead la magia,
no apartaréis a ningún ser de su fin.

Jean de La Fontaine

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/fabula-el-raton-metamorfoseado-en-muchacha-jean-de-la-fontaine/