Es dulce aspirar, al abordar la playa,
El perfume que la brisa trae al extranjero,
Y sentir las flores que su aliento levanta
Llover sobre vuestra frente desde lo alto del naranjo.
Es dulce posar sobre la arena inmóvil
Un pie pesado, y cansado del movimiento de las olas;
Ver a los rubios niños y a las mujeres de una isla
Tenderos los frutos de oro bajo sus parras abiertos.
Es dulce prestar un oído embelesado
A la lengua del cielo, que nada puede empañar;
Que os transporta en sueños al alba de la vida,
Y cuya cada sílaba es un querido recuerdo.
Es dulce, en la playa donde el monarca llega,
Oír en los flancos de los fuertes las salvas del cañón;
Hacer estallar la ribera con el eco de sus pasos,
Y rodar hasta el cielo los saludos a su nombre.
Pero de todos estos acentos con que la orilla os saluda,
Ninguno es tan dulce sobre la tierra o los mares
Como el sonido acariciador de una voz desconocida,
Que recita al poeta un estribillo de sus versos.
Esta voz va más lejos a despertar su delirio
Que el bronce de la guerra o el órgano del altar.
Pero cuando el corazón de un siglo se ha vuelto su lira,
El eco se llama gloria, y se vuelve inmortal.
Alphonse de Lamartine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-saludo-a-la-isla-de-isquia-alphonse-de-lamartine/
