¿Osaría algún poeta
negarte versos, dulce alondra?
En cuanto a mí, no me atrevería,
quiero celebrar tu gorjeo
por encima de todas las aves que están en jaula,
y por encima de todas las que están en los bosques.
¡Qué bien te sienta oírte! a la hora
en que el boyero labra los campos
cuando la tierra siente la primavera,
que está más alegre con tu canción
que aquejada por la herida
del arado, que le hiende el estómago.
Tan pronto como eres rociada
al rayar el día, por el rocío,
haces en el aire mil discursos,
en el aire batés las alas,
y suspendida en el cielo, parloteas,
y cuentas a los vientos tus amores.
Luego del cielo te dejas caer
en un surco verde, sea para poner,
sea para empollar, o para incubar,
sea para traer el bocado
a tus pequeñuelos, ya de una acedía,
ya de una oruga, ya de un gusano.
Entonces yo, acostado sobre la hierbecilla,
por un lado oigo tu cancioncilla;
por otro, sobre el tomillo,
al abrigo de algún helecho,
escucho a la joven pastora
que desgrana su cantinela.
Luego digo: eres bienaventurada,
gentil alondra enamorada,
que no tienes miedo ni cuidado de nada,
que jamás en el corazón has sentido
los desdenes de una amiga altiva,
ni el afán de acumular bienes.
O si algún cuidado te toca,
es, cuando el Sol se pone,
de dormir, y de despertar
con tus canciones a la Aurora
y a pastores y caminantes todavía,
para enviarlos a trabajar.
Pero yo vivo siempre en tristeza,
por las soberbias de una dueña
que paga mi fe con trabajos,
y con una placentera mentira,
que día y noche siempre alarga
la larga trama de mis males.
Pierre de Ronsard
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-oda-a-la-alondra-pierre-de-ronsard/
