El exiliado satisfecho

Poema de Victor Hugo Temas InfanciaÉpoca Siglo XIX

¡Soledad! ¡silencio! ¡oh! el desierto me tienta.
El alma se apacigua allí, severamente contenta;
allí, de no sé qué sombra uno se siente el iluminador.
Voy a los bosques a buscar el vago horror;
la salvaje espesura de las ramas me procura
una especie de alegría y de espanto oscuro;
y encuentro en ella un olvido casi igual al sepulcro.
Pero no me extingo; se puede seguir siendo antorcha
en la sombra, y, bajo el cielo, bajo la cripta sagrada,
solo, estremecerse al viento profundo del empíreo.
Nada se disminuye en el hombre por haber
lanzado la sonda al fondo tenebroso del deber.
Quien ve desde lo alto, ve bien; quien ve de lejos, ve justo.
La conciencia sabe que un crecimiento augusto
es posible para ella, y va a los altos lugares
a irradiar y a crecer, lejos del mundo olvidadizo.
Así pues, voy al desierto, pero sin dejar el mundo.
Porque un soñador venga, en el bosque profundo
o sobre el escarpe de los acantilados, a sentarse
tranquilo y meditando la inmensidad del atardecer,
no se aísla de la tierra en que estamos.
¿No sentís, pues, que habiendo visto muchos hombres
se tiene necesidad de huir bajo los árboles espesos,
y que todas las sedes de verdad, de paz,
de equidad, de razón y de luz, aumentan
en el fondo de un alma, después de tantas cosas que mienten?

Mis hermanos tienen siempre todo mi corazón, y, lejano
pero presente, miro y juzgo el destino;
tengo, para completar el alma humana esbozada,
la urna de la piedad inclinada sobre los pueblos,
la vacío sin cesar y la lleno siempre.

Pero tomo por abrigo la sombra de los grandes bosques sordos.
¡Oh! he visto de tan cerca las muchedumbres miserables,
los gritos, los choques, la afrenta a las cabezas venerables,
tantos cobardes engrandecidos por los disturbios civiles,
jueces a quienes se hubiera debido juzgar, sacerdotes viles
que sirven y mancillan a Dios, predicando a favor, probando en contra,
he visto tanto la fealdad que nuestra belleza muestra,
en nuestro bien el mal, en nuestro verdadero el falso,
y la nada pasando bajo nuestros arcos triunfales,
he visto tanto lo que muerde, lo que huye, lo que se doblega
que, viejo, débil y vencido, tengo en adelante por alegría
soñar inmóvil en algún sombrío lugar;
allí, sangrando, medito; y, aun cuando un dios
me ofreciera por volver a las ciudades la gloria,
la juventud, el amor, la fuerza, la victoria,
encuentro bueno tener un agujero en los bosques,
pues no sé muy bien si consentiría.

Victor Hugo

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-el-exiliado-satisfecho-victor-hugo/