La pequeña virgen

Poema de Emile Verhaeren Época Siglo XIX

La pequeña Virgen María
pasa las tardes de mayo por la pradera,
sus pies ligeros rozando las brumas,
sus dos pies blancos como dos plumas.

Se va como una infanta,
corpiño recto, faldas ahuecadas,
con, en su cintura, un ruido movedizo
y claro de rosario de plata.

A los dos lados del río
crecen a montones las flores malvas,
pero la Virgen, de orilla en orilla,
solo busca los lirios reales
que se yerguen al borde del agua
como espadas flamígeras.

Y luego agarra entre sus dedos,
un poco rígidos de secular almidón,
un insecto que duerme, alas esmeraldas,
en el corazón de las plantas fecundadas.

Y con su dulce mano, por fin,
desata una cabra que pace
atada a su estaca, al borde de los caminos,
y dulcemente la besa y la acaricia
y gentilmente la lleva con correa.

Entonces, la pequeña Virgen María
viene a encontrar el viejo tilo de la pradera,
cuyas ramas semejantes a trofeos
guardan las mil leyendas,

y, humilde, dirige por fin estas tres ofrendas,
bajo el gran árbol, a las hadas buenas,
que antaño, en tiempos de maravillosos señoríos,
fueron como ella también
las buenas damas de la pradera.

Emile Verhaeren

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-la-pequena-virgen-emile-verhaeren/