Afeiteada y pintada como en tiempos de las églogas,
frágil entre los enormes nudos de cintas,
pasa bajo las arboledas ensombrecidas,
en la alameda donde reverdece el musgo de los viejos bancos,
con mil maneras y mil afectaciones
que se guardan de ordinario a las periquitas queridas.
Su largo vestido de cola es azul, y el abanico
que arruga en sus dedos menudos de anchos anillos
se alegra con uno de esos temas eróticos, tan vagos
que ella sonríe, mientras sueña, a más de un detalle.
– Rubia, en suma. La nariz menuda con la boca
encarnada, carnosa, y divina de orgullo
inconsciente. – Por lo demás, más fina que la mosca
que reaviva el brillo un poco necio del ojo.
Paul Verlaine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-la-alameda-paul-verlaine/
