A M. Léon Bailby
Pájaro tranquilo de vuelo inverso pájaro
Que anidas en el aire
En el límite donde ya brilla nuestro suelo
Baja tu segundo párpado la tierra te deslumbra
Cuando levantas la cabeza
Y yo también de cerca soy sombrío y opaco
Una bruma que acaba de oscurecer las linternas
Una mano que de pronto se posa ante los ojos
Una bóveda entre vosotros y todas las luces
Y me alejaré iluminándome en medio de sombras
Y de alineaciones de ojos de los astros bienamados
Pájaro tranquilo de vuelo inverso pájaro
Que anidas en el aire
En el límite donde ya brilla mi memoria
Baja tu segundo párpado
Ni por causa del sol ni por causa de la tierra
Sino por ese fuego oblongo cuya intensidad irá aumentando
Hasta tal punto que un día será la única luz
Un día
Un día me esperaba a mí mismo
Me decía Guillaume ya es tiempo de que vengas
Para que sepa por fin ese que soy yo
Yo que conozco a los demás
Los conozco por los cinco sentidos y algunos otros
Me basta ver sus pies para poder rehacer a esas gentes a millares
Ver sus pies pánicos uno solo de sus cabellos
Ver su lengua cuando me place hacer el médico
O sus hijos cuando me place hacer el profeta
Los navíos de los armadores la pluma de mis colegas
La moneda de los ciegos las manos de los mudos
O bien aún a causa del vocabulario y no de la escrituraUna carta escrita por quienes tienen más de veinte años
Me basta oler el olor de sus iglesias
El olor de los ríos en sus ciudades
El perfume de las flores en los jardines públicos
Oh Corneille Agrippa el olor de un perrito me habría bastado
Para describir exactamente a tus conciudadanos de Colonia
Sus reyes magos y la ristra ursulina
Que te inspiraba el error tocante a todas las mujeres
Me basta probar el sabor del laurel que se cultiva para que ame o para que zaherir
Y tocar las ropas
Para no dudar si uno es friolero o no
Oh gentes que conozco
Me basta oír el ruido de sus pasos
Para poder indicar para siempre la dirección que han tomado
Me basta con todos ellos para creerme con derecho
A resucitar a los demás
Un día me esperaba a mí mismo
Me decía Guillaume ya es tiempo de que vengas
Y con un paso lírico avanzaban los que amo
Entre los cuales no estaba yo
Los gigantes cubiertos de algas pasaban en sus ciudades
Submarinas donde solo las torres eran islas
Y ese mar con las claridades de sus profundidades
Corría sangre de mis venas y hace latir mi corazón
Luego sobre esta tierra venían mil pueblos blancos
De los que cada hombre tenía una rosa en la mano
Y el lenguaje que inventaban por el camino
Lo aprendí de su boca y aún lo hablo
El cortejo pasaba y yo buscaba en él mi cuerpo
Todos los que llegaban y no eran yo mismo
Traían uno a uno los pedazos de mí mismo
Me construyeron poco a poco como se levanta una torre
Los pueblos se amontonaban y yo aparecí yo mismo
Que han formado todos los cuerpos y las cosas humanas
Tiempos pasados Difuntos Los dioses que me formasteis
No vivo sino pasando como vosotros pasasteis
Y apartando mis ojos de ese vacío porvenir
En mí mismo veo todo el pasado crecer
Nada está muerto sino lo que aún no existe
Junto al pasado reluciente el mañana es incoloro
Es informe también junto a lo que perfecto
Presenta a la vez el esfuerzo y el efecto
Guillaume Apollinaire
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-cortejo-guillaume-apollinaire/
