Sí, me complazco, Clarisse, en la estación tardía,
imagen de esa edad a la que el tiempo me ha llevado;
del viento en tus hogares amo la voz plañidera
durante la larga noche.
Filomela ha buscado climas más propicios;
Progne huye a su vez: sin entristecerme por ello,
de los bellos días junto a ti hallando las delicias,
tu viejo cisne se ha quedado.
Ven a estos campos desiertos donde murmura la brisa
a admirar el sol, que se aleja de nosotros;
ven a gustar de estos bosques que pierden su atavío
el encanto triste y dulce.
De las hojas que el viento desprende con sus alas
revolotea en los aires el desfalleciente enjambre:
¡ah!, ¡ojalá al morir pueda reposarme como ellas
un momento sobre tu seno!
Pálida y última flor que sobrevive a Pomona,
la doncellita[1] en estos prados pinta mi suerte y mi fe:
de mis años transcurridos haces florecer el otoño,
y yo velo por ti.
Este arroyo, bajo tus pasos, oculta en el seno de la tierra
su curso silencioso y sus ondas olvidadas:
¡que mi vida desconocida, oscura y solitaria,
así pase a tus pies!
En las puertas del ocaso el cielo se descolora;
el día ya no ilumina nuestra amable conversación:
pero ¿hay una sonrisa en los labios de la Aurora
más encantadora que la tuya?
El astro de las noches avanza ahuyentando las tormentas:
Clarisse, sé para mí el astro calmo y vencedor
que de mi frente turbada disipa las nubes
y hace soñar mi corazón.
Londres, 1797.
Chateaubriand
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-clarisse-francois-rene-de-chateaubriand/
