(Extracto)
Águilas que pasáis sobre nuestras cabezas,
id a decir a los vientos desencadenados
que desafiamos sus tempestades
con nuestros mástiles enraizados.
¡Que suban, esos tiranos de las olas,
que su ala se amotine y truene
para asaltar nuestros brazos nervudos!
¡Vamos! sus más fogosos vértigos
no harán sino mecer nuestros tallos
y silbar entre nuestros cabellos.
Hijos de la roca, nacidos de nosotros mismos,
su divina mano nos plantó;
somos la verde diadema
que a las cumbres del Edén arrojó.
Cuando ondee el agua del diluvio,
nuestros flancos huecos serán el refugio
de la entera raza de Adán,
y los hijos del patriarca
tallarán en nuestros bosques el arca
del Dios nómada de Abraham.
Somos nosotros quienes, cuando las tribus cautivas
hayan visto las alturas de Hermón,
cubriremos con nuestras vigas
la inmensa arca de Salomón;
si, más tarde, un Verbo hecho hombre
con un nombre más santo adora y nombra
a su padre desde lo alto de una cruz,
altares de ese gran sacrificio,
del instrumento de su suplicio
nuestras ramas darán la madera.
En memoria de estos prodigios,
los hombres, inclinando sus frentes,
vendrán a adorar nuestras huellas,
pegarán sus labios a nuestros troncos.
Los santos, los poetas, los sabios
escucharán en nuestras frondas
ruidos semejantes a las grandes aguas,
y bajo nuestras sombras proféticas
formarán sus más bellos cánticos
con los murmullos de nuestras ramas.
Alphonse de Lamartine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-coro-de-los-cedros-del-libano-alphonse-de-lamartine/
