Ven, busquemos esta sombra propicia
hasta la hora en que de esta morada
las flores cerrarán su cáliz
a las miradas lánguidas del día.
¡He aquí tu cielo, oh mi estrella!
levanta, ¡oh! levanta este velo,
ilumina la noche de estos lugares;
habla, canta, sueña, suspira,
con tal de que mi mirada atraiga
una mirada errante de tus ojos.
Déjame sembrar de rosas
la tierna hierba donde te sientas,
y junto al lecho donde reposas
déjame sentarme a tus pies.
¡Dichoso el césped que pisas,
y el capullo del que desenrollas
bajo tus dedos los frescos colores!
¡Dichosas esas copas bermejas
que tus labios oprimen, semejantes
a los abejorros que chupan las flores!
Si el agua de los lirios que coges
arrastra los cálices marchitos,
si de los tallos que tu boca deshoja
el viento me trae un despojo,
si tu boca que se desanuda
viene, ondulando sobre mi mejilla,
a rozar el borde de mi labio;
si tu aliento ligero resuena,
siento sobre mi frente que se estremece
pasar las alas de la muerte.
Acuérdate de la hora bendita
en que los dioses, con tierna mano,
te derramaron sobre mi vida
como la sombra sobre el camino.
Desde esa hora afortunada,
mi vida a tu vida encadenada,
que transcurre como un solo día,
es una copa siempre llena,
donde mis labios, con largo aliento,
beben la inocencia y el amor.
¡Ah! cuando mi frente que se inclina
cargada de una dulce languidez,
se duerme mecida sobre tu pecho
por el movimiento de tu corazón…
Alphonse de Lamartine
Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.
Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-canto-de-amor-v-alphonse-de-lamartine/
